7 errores imperdonables que cometí en mi fiesta de pijamas gay

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Las fiestas de pijama con mis amigos gays son realmente divertidas y nos lo pasamos en grande tal y como si fuesemos adolescentes. Guerras de almohadas, relevación de secretos, pelis, karaoke… Hacemos casi todo lo que dicen los clichés sobre las fiestas de pijama. No obstante, mi primera fiesta de pijamas gay fue algo desastrosa.

Te cuento las atrocidades que cometí para que tú no las cometas… ¡O te saldrán muy caras!

Invité al chico que me gustaba y acabó durmiendo rodeado de otros chicos que no eran yo

Llámame inocente, iluso o simplemente estúpido pero lo hice. Entonces descubrí que las fiestas de pijama son territorio de amigos (ÚNICA y EXCLUSIVAMENTE). Decidí invitar al chico que me gustaba junto a mis amigos ¿El resultado? Lo pasaron en grande: Ellos. Era la primera vez que se veían y como resultado estuvieron hablando de cosas de sus vidas que yo ya sabía. Anécdotas que yo ya conocía por ambas partes así que me aburrí como una ostra mientras algunos de mis amigos coqueteaban con él. Por supuesto, el chico que me gustaba estaba guapísimo en pijama y en ese momento me di cuenta de lo estúpido que había sido. Ahora tenía competencia: Había traído a mis ahora enemigos a mi propia casa.

No hice cálculos: Había más invitados que camas así que tuve que dormir en el sofá

¡Tal y como lo oyes! Había invitado a más personas de la cuenta. Juntaron dos camas y durmieron juntos en mi habitación. ¿Yo? ¡En el sofá! Por mucho que lo odiase, tenía que ser un buen anfitrión. Eso sí, no pude dormir: Estuve escuchando cuchicheos cuando nos fuimos a la cama y ¿quizá algún que otro beso? Prefiero no saberlo.

Caí en la cuenta de lo feo que es mi pijama

Juro que cuando mis amigos se cambiaron y se pusieron el pijama me sentí como cenicienta antes de conocer al príncipe. Mi atuendo era feo y deprimente en comparación con sus trajes para dormir. Una conclusión he sacado de todo ello: ¡Quiero comprarme media docena de pijamas de satén!

En el photocall aparecí sin ropa

Hablaban y hablaban de temas que yo ya conocía. ¿Resultado? Bebí más que ellos mientras escuchaba sus animadas charlas. Al final de la noche iba borracho y en el photocall que coloqué para hacernos fotos temáticas con cotillón y dejar firmas en un pequeño libro para el recuerdo. ¡Ojalá no existieran testimonios gráficos de aquel momento!

Hice una candy bar demasiado contundente y estuve una semana comiendo gominolas

Junto a la bebida, el menú consistió en una pequeña candy bar. Chocolate caliente, churros y gominolas de tocas clases. No medí bien las cantidades (y, algunos de mis amigos estaban en dieta todo hay que decirlo), así que estuve comiendo dulces toda la semana siguiente. Aunque bien mirado, me vinieron bien para contrarrestar mi estado semidepresivo después de ver al chico que me gustaba rodeado de pirañas.

En el juego de la botella me tocó beso con todos menos con él

Tenemos más de 30 años y aún seguimos ruborizándonos con el juego adolescente de la botella. Aunque no niego que hubo momentos de tensión bastante divertidos, este fue otro error más: No me tocó besar al chico que me gustaba en ninguna ocasión. Además, tuve que verle besando a otros tantos de mis amigos.

Mis amigos hablaron más de la cuenta

Cuando la noche avanzó, mis amigos ya estaban en tono y comenzaron a hablar de cosas demasiado íntimas. Momentos de mi adolescencia y otros detalles familiares vergonzantes que no me gustaría que hubiese sabido él. ¡Pero lo hicieron! Y mi sonrisa ridícula ocultaba un arrepentimiento de haber celebrado aquella fiesta de pijamas.

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The Stonewall. Revista de Contenidos LGBTI en España.