Algunos de vosotros os sentiréis identificados con el siguiente escenario: eres adolescente, sales y te relacionas con tus amigos y amigas. Os divertís juntos, habláis de las preocupaciones propias de la edad y surge el tema sobre quien te gusta o quién está más bueno. Tus amigos –o amigas- empiezan a hacer un listado y comparaciones de personas del sexo opuesto, y ninguna de ellas llama tu atención. De hecho a ti te parece mucho más interesante tu mejor amigo/a, la persona del mismo sexo con la que compartes asiento en clase o tu vecino. 

En ese momento, empiezas a hacerte preguntas y a compararte con los demás. Llegan los agobios, las dudas, el preguntarte si estás haciendo algo mal o si eres un bicho raro. Tratas –sin éxito- de hablar de estos temas con alguien y solo cuando maduras y te rodeas de auténticos amigos, te atreves a mencionar tu realidad, tu orientación. O quizá has tenido la suerte de vivir con unos padres abiertos o un hermano comprensivo que te ayudan a ver el mundo tal y como es.

Debemos reconocer que descubrir que eres gay y aceptar que eres gay son cosas muy diferentes. En una sociedad que marca continuamente los patrones por los que debemos regirnos, salirse del camino impuesto resulta complicado y doloroso. Muchas personas tienen expectativas o ideas sobre nuestro futuro que se ven alteradas y  nosotros, ante la idea de crearles un shock, nos callamos. Lo mismo, con los años, nos damos cuenta de lo equivocados que estábamos porque las personas que nos quieren de verdad lo hacen sin importar nuestra orientación sexual. 

Por desgracia, aunque estemos avanzando, la sociedad actual se encuentra dominada por la imagen de la persona heterosexual. Nos bombardean con ese estereotipo en películas, libros, revistas, en anuncios, en música… ¡parece que hasta el arte está en contra nuestra! Y atrevernos a romper las cadenas, a plantarnos y a decir en voz alta quienes somos es un paso que requiere valor y aceptación propia. 

No todos los seres humanos descubren a la misma edad que pertenecen al colectivo LGTB+. Algunos lo saben desde pequeños, otros se enteran en la adolescencia y algunos individuos lo expresan cuando ya tienen toda su vida montada. Probablemente si viviéramos en una sociedad más liberal y donde desde pequeños se tratasen estos temas, nos daríamos cuenta de que no estamos solos. 

Es posible que estés leyendo este artículo por curiosidad, pero también porque te estés preguntando si eres homosexual o porque tienes problemas para aceptar quién eres. En todos estos casos lo primero que querríamos decirte es que tienes nuestro apoyo. No eres diferente, ni peor, ni alguien que deba cambiar. Eres una persona con sentimientos e intereses, como el resto de la humanidad. 

Confiamos en que este artículo sirva como soporte para todos aquellos que en algún momento sufran problemas de autoaceptación. Al final serás tú mismo el encargado de reflexionar sobre tu situación y de encontrar tus propias respuestas, a no ser que busques ayuda. Por norma general, el descubrimiento y la asimilación requieren tiempo para darse cuenta de que todo está bien con nosotros. El problema, realmente, está en quienes son incapaces de aceptar nuestro estilo de vida. 

¿Por qué la gente no acepta su orientación sexual?

El principal motivo por el que los individuos no suelen aceptar su orientación es porque vivimos en una sociedad heteronormativa. Desde nuestro nacimiento hemos vivido rodeados de estructuras donde lo corriente es ser heterosexual, y hemos visto ejemplos continuos en forma de comentarios, miradas despectivas o incluso vejaciones a personas diferentes. Esa es la primera piedra que encontramos en nuestro camino y que debemos saltar para poder seguir caminando hacia delante. 

La psicología de tercera generación utiliza la metáfora del dragón para explicar muchas veces el complejo proceso de lucha interna que viven los homosexuales: Imagina que te levantas en un extraño lugar donde descansa un gran dragón. Ambos estáis separados por un foso, pero entonces, te das cuenta de que estás unido a él por una cadena. Como quieres irte, intentas liberarte del dragón haciendo fuerza, pero no puedes hacer nada contra él. Cuanto más tires, más molestas al dragón. Al final tus opciones serán resignarte a quedarte en el mismo lugar, luchar contra el dragón –y perder- o aceptarlo para trabajar en la misma dirección.

Llevar esa pesada carga –a nuestro dragón particular- cansa y resulta muy doloroso. Vivir la batalla diaria entre las expectativas que tienen sobre nosotros y lo que realmente deseamos hace que muchas veces pensemos que la situación es insuperable. Pero negar nuestras emociones nunca será el camino a seguir, porque únicamente deambularemos como zombies en una burbuja en la que iremos perdiendo el aire poco a poco hasta matar nuestra esencia. Tratar de vivir como un heterosexual no te hará heterosexual, por lo que debemos encontrar la forma de aceptarnos y vivir nuestra vida. 

Aceptar nuestra homosexualidad implica dejar de huir de quiénes somos, aprender a conocernos y a amarnos tal y como hemos venido al mundo y reflexionar sobre lo que nos ocurre. ¿Qué problema hay en ser gay? ¿Qué daño real haces al estar enamorado de alguien de tu mismo sexo? ¿Cómo puede un amor consentido ser la causa de la desgracia de otras personas? Porque si dañamos a alguien de nuestro entorno por nuestra orientación, es que esa persona es quien realmente necesita terapia, y no nosotros. 

Empieza por encontrarte a ti mismo

El camino de aceptación de la homosexualidad necesita centrarse en primer lugar en descubrir quiénes somos y querernos de esta forma. Si nos preguntamos si somos gais o lesbianas deberemos centrarnos en nuestras emociones, en qué sentimientos nos despiertan las personas del mismo sexo que nos rodean. Si crees que puedes pertenecer a la comunidad LGTB+, no ocultes tus emociones y deja que estas se desarrollen libremente, sin ataduras. 

Es importante que te centres en el hecho de que no existen culpables sobre nuestra homosexualidad: ni porque hayamos visto a personas gais a nuestro alrededor, ni porque nos falte atención paterna, ni porque lo copiásemos de otros. Lee algunos de nuestros artículos para darte cuenta de que la homosexualidad no es algo que se pueda aprender, sino que nuestra orientación es compleja –al igual que la heterosexualidad- y multifactorial. 

Mantenemos opiniones y gustos diferentes con los demás en muchos sentidos –cine, comidas, ejercicio, política, etc.- y no nos sentimos mal por tener un criterio propio de decisión. Ser gay, lesbiana o transexual es tan correcto como ser heterosexual. Es una forma de vivir nuestro amor y nuestra sexualidad de una forma sana y aceptable. 

Consideramos que es fundamental el hecho de queremos y valorarnos a nosotros mismos antes de hacer que otros lo hagan. Si uno mismo se muestra disconforme con sus intereses, ¿cómo puede esperar que su alrededor lo acepte? La homosexualidad es solo una parte más del variopinto cuadro que compone nuestra realidad y amar es un derecho que tenemos desde nacimiento. Debes interiorizar estos puntos para darte cuenta de que ser gay no te hace diferente, ni peor ni mejor. 

Si ya has empezado a aceptarte tal y como eres, también es importante que seas consciente de que no tienes que imitar a los demás ni caer en estereotipos. Actúa del mismo modo que siempre, o mejor dicho, como siempre hayas querido ser. Si hay cosas que has querido hacer pero que nunca te has atrevido por el qué dirán, es un buen momento para empezarlas, pero si lo único que ha cambiado en ti es que has descubierto tu orientación, tu comportamiento debe seguir siendo igual. 

La clave está en saber escuchar y obedecer a nuestro corazón. Deja de tratar de apagar tus emociones y guíate por ellas, aunque sin perder el control. Vive tu vida como siempre lo has hecho, pero comprendiendo que tu orientación no te define más que tus gustos o aficiones. Tírate a la piscina y experimenta, apreciando esta nueva etapa. La vida es corta y pasa muy rápido, por lo que no puedes dejar que estos dilemas internos te consuman y te impidan disfrutar. 

Dedícate a vivir tu vida como siempre

Si ya has aceptado quién eres y estás empezando a actuar tal y como te gustaría, es hora de que continúes con tus rutinas exactamente igual que antes quitando las excepciones que mencionamos antes. Seguir tu propio camino te ayudará a mantenerte sereno y centrado, contemplando la vida tal y como es. 

Quizá te preguntes si debes comentarle a los que te rodean cuál es tu orientación y cómo lo has descubierto. No hay una respuesta sencilla respecto a este punto, porque cada persona vive con unas circunstancias determinadas y en un entorno diferente. Opinamos que es positivo el hecho de mostrarte tal y cómo eres ante todo el mundo, familia incluida. 

No obstante, respecto al apartado anterior, también hay que decir que es posible que algunas personas en concreto no te entiendan ni compartan tu punto de vista. Pongamos el ejemplo de las personas y la política: cada uno tiene una ideología propia y se asocia, por norma general, a algún partido. ¿Son las personas de partidos contrarios enemigos? No tiene porqué y, sin embargo, muchas veces vemos que los sectores más extremos son incapaces de conectar entre ellos solo por tener algunos puntos de vista diferentes. 

Lo que queremos decirte es que, cuando des el paso de hablar sobre tus sentimientos, casi con total seguridad algunas personas duden sobre si alejarse de ti, ya sea por un tiempo o para siempre. No pensamos que esto sea negativo, ya que jamás querríamos a nuestro lado a alguien que no acepta nuestra forma de vida, pero en el momento puede resultar doloroso ver que alguien te da la espalda

También eres libre de guardar tu orientación y no comentarla con nadie, puesto que forma parte de tu privacidad y solo tú debes tomar esa decisión. Aun así, si prefieres ocultarlo, pregúntate si lo estás haciendo por ti o por ellos. Vivir en una mentira genera ansiedad y estrés, además del miedo a saber qué pasará si los demás averiguan lo que has estado escondiendo. En nuestro caso, pensamos que es mejor contárselo a tu círculo de confianza y aceptar la reacción que tengan. 

Existe la posibilidad de que cuando estés atravesando determinados momentos te preguntes si estás solo o si tienes personas a tu alrededor con las que contar. Siempre va a haber alguien que entienda tu situación, eso queremos dejártelo claro. Ya sea poniéndote en contacto con alguna asociación de derechos de la comunidad LGTB+, hablando con amigos cercanos o conociendo a otras personas con tu misma orientación a través de aplicaciones. 

En el caso de que seas una persona con creencias, te preguntarás en algún momento si estas dos realidades pueden coexistir. La respuesta es clara: . Tu fe no va a variar debido a tu orientación y no vas a ser peor creyente por amar a alguien de tu mismo sexo. Recuerda que la forma de vivir tu espiritualidad es algo que queda entre tú y tu religión, sin que nadie más deba opinar sobre este tema. Te recomendamos este artículo que redactamos hace poco sobre cristianismo y homosexualidad. 

Lo más importante que podemos añadir en este punto es insistir en que hagas las cosas a tu manera. Compara, si así lo quieres, tus vivencias con las de otras personas gais o lesbianas para saber cómo hablaron de su orientación y cuál fue la respuesta de tu entorno. Al final serás tú quien deba decidir con quién comparte su vida privada y con quién prefiere mantener las distancias. Hagas lo que hagas, mientras seas feliz, estará bien.

Rodéate de quienes te quieran tal y como eres

A partir del momento en el que aceptes tu homosexualidad y comiences a vivir tu vida, dejarás que tus acciones sean las que hablen por ti. Algunas personas te habrán aceptado de forma incondicional porque sigues siendo el mismo que estaba antes en su vida, mientras que otros estarán reticentes o te habrán condenado. Pase lo que pase a tu alrededor, continúa viviendo y luchando por alcanzar tus metas. 

No pretendas transformarte en otra persona o abandonar todos tus intereses y amistades antiguas. No es necesario que te conviertas en el guía de todos aquellos que tienen dudas sobre la homosexualidad, pero si crees que puedes hacer el bien ayudando a otros que están perdidos o a amigos curiosos que no comprendan algunos conceptos, ofrécete libremente a resolver las cuestiones que quieras abordar. 

El hecho de que tú hayas decidido aceptarte y continuar con tu vida no implica que debas obligar a otros a hacer lo mismo. Si conoces a alguien de tu entorno y dudas sobre si atraviesa tu misma situación, no abordes el tema colocándole etiquetas u obligándole a aceptar quién es. Muestra tu apoyo y sé su confidente para que, cuando él o ella lo decida, estés a su lado para darle un abrazo y apoyarle. 

En este punto solo nos queda por añadir que una vez hemos aceptado cómo somos y vivimos felices con nosotros mismos, ahora es momento de disfrutar de la compañía de quienes nos rodean. Sal al mundo, ten citas, enamórate y diviértete. Disfruta de la vida y del rumbo que ha tomado, permitiéndote sentir y explorar tanto como desees. 

Si te ves atrapado, busca apoyo profesional

Cabe la opción de que hayas intentado dar ese paso adelante y al final te hayas arrepentido por algún motivo. O bien tienes miedo de la reacción de los demás, o sientes por tus costumbres y tu entorno que eres el culpable de esta situación, o quizá tu situación es diferente. Vivir sintiéndonos atrapados en nosotros mismos nos va a impedir ser felices y tomar las riendas de nuestra vida. 

En el caso de que estés atravesando un momento duro en tu vida y sientas que no sabes qué hacer, ponte en manos de profesionales. Seguramente tengas a tu alcance alguna asociación por los derechos de gais, lesbianas y transexuales que pueda asesorarte e informarte sobre lo que estás viviendo. 

Asimismo, acudir a un psicólogo que esté formado en temas LGTB+ puede ser una excelente decisión para que puedas tratar todo ese malestar que estás viviendo ya sea por la presión, la falta de aceptación o las dudas que te surjan. Recuerda que tienes a muchísima gente a tu alrededor y que siempre tendrás la oportunidad de seguir conociendo personas que te harán disfrutar de la vida, independientemente de tu orientación sexual.