Hoy la humanidad tiene una enorme deuda pendiente con el matemático Alan Turing. Y es que, este hombre hizo dos de las más importantes aportaciones a la historia de la humanidad durante el último siglo.

En primer lugar, gracias a él, se pudieron descifrar los códigos de la máquina Enigma lo cual ayudó a los aliados a prever los movimientos militares nazis durante la Segunda Guerra Mundial. Esto ayudó a acabar con el gran holocausto y salvar millones de vidas de judíos y homosexuales. Sin embargo, la aportación de este hombre no acaba ahí. Alan Turing se convirtió en uno de los creadores primarios de lo que hoy conocemos por ordenador o computadora.

Turing ideó uno de los principios básicos de la computación y lo más impresionante de todo es que lo hizo a la temprana edad de 24 años. Esto tuvo unas consecuencias invaluables a nivel de tecnología y unos efectos realmente positivos que ayudaron a empujar la evolución de la humanidad. De hecho hoy los medios informáticos están presentes en la industria de la medicina, farmacología, economía, alimentación, seguridad, ciencias de la información… En pocas palabras, gracias al trabajo de este joven, hoy podemos gozar de la era digital.

Sin embargo, eso no fue un motivo suficiente para que fuese indirectamente asesinado además de humillado y vapuleado públicamente durante los últimos años de su vida. ¿La razón? Era homosexual.

Con el tiempo, su paso por el mundo ha sido más conocido, sobre todo a raíz de la película The Imitation Game. Pero, ¿qué sabes acerca de su historia y por qué tuvo un final tan triste?

La verdadera historia de Alan Turing

Hacia el año 1952 Alan tenía un amante llamado Arnold Murray y éste ayudó a un cómplice a que entrase a robar dentro de la casa del matemático. Al descubrir los hechos, Turing decidió presentarse en comisaría para denunciar el robo y fue entonces cuando los cuerpos de seguridad comenzaron a investigar lo ocurrido.

Las cosas se tornaron oscuras cuando la investigación obligó a Turing a reconocer su homosexualidad y su relación con Murray. A partir de entonces a este verdadero héroe de la historia se le imputó el cargo de «indecencia grave y perversión sexual». En un momento histórico donde la homosexualidad era considerada un delito y un pecado, reconocer la orientación sexual era una verdadera muestra de valentía, aunque en su caso también de inocencia y confianza.

La valentía de Alan Turing

Nuestro matemático nunca pensó que esto supusiera un problema real y de hecho pensaba ya en aquel entonces que no tenía nada que ocultar porque la homosexualidad no era nada malo para él. Si Turing hubiese aceptado disculparse por ser homosexual probablemente se hubiese reducido su condena, pero no lo hizo.

Sus ánimos estaban bastante bajos y para rematarlo la justicia le ofreció dos alternativas: O entraba a la cárcel de por vida o se sometía a castración química mediante la suministración de componentes que reducirían su líbido. Finalmente nuestro matemático escogió las inyecciones de estrógenos a las cuales estuvo sometido durante un año. Este tratamiento le ocasionó numerosas alteraciones: Le aparecieron pechos, su peso corporal se incrementó y sufrió el mal de la disfunción eréctil permanente.

Dos años después de celebrarse el juicio, nuestro científico perdió la vida, en 1954. Aún no hay una idea clara sobre qué ocurrió exactamente y qué le llevó a la muerte. Algunos creen que fue un asesinato, aunque la versión más aceptada es que él mismo acabó suicidándose.

Sin duda, la figura de Turing será un eterno recordatorio de lo que la humanidad debe a numerosas personas LGTB. Turing es una de ellas, y se trata de un hombre que durante toda su vida sólo se dedicó a darse a los demás y compartir con el resto del mundo su gran potencial. ¿La respuesta de la sociedad? Castrarlo, humillarlo e inducirle al suicidio.