Alemania se ha unido, según ha confirmado la canciller Angela Merkel, a la lista de países que han prohibido por ley las llamadas «terapias de conversión». Esta es sin duda una buena noticia. No se trata sólo de que aún haya quien trate la homosexualidad como una enfermedad. Se trata también de que está demostrado que este tipo de terapias a menudo causan daños psicológicos irreparables sobre los «pacientes».

Y no es para menos. Una terapia de este tipo se basa en que uno niegue lo que es. En que entierre sus deseos e impulsos, y destruya su capacidad de individualidad. Por eso sólo podemos aplaudir la decisión de los alemanes.

La gran sorpresa, además, ha sido cuando han cambiado su propuesta en el último momento. Lo que han hecho es extender esta ley tanto a transgénero como a menores de edad. La decisión de proteger a los niños merece, sin duda, otro aplauso. En palabras de un portavoz del Gobierno alemán, Steffen Seibert, «El objetivo del gobierno es proteger el derecho de las personas a la autodeterminación sexual».

Desde luego es discutible eso de caracterizar la homosexualidad como «autodeterminación sexual», pero ese es otro tema del que podríamos hablar durante días.

Lo importante respecto a esta noticia es que este paso supone uno más en la dirección adecuada. Cualquiera que atente contra esta prohibición en Alemania podría enfrentarse a penas de hasta 30.000 euros, o incluso prisión. 

En esta ocasión Alemania se sitúa por delante de España en la protección de los colectivos LGTBI+. En nuestro país, en cambio, este tipo de leyes quedan a disposición de las Comunidades Autónomas. Sólo cuatro de ellas han prohibido este tipo de «terapias»: Madrid, Aragón, Valencia y Andalucía. Todas ellas ubican esta decisión dentro de sus respectivas leyes LGTBI o Trans. Mientras tanto, hay otras Comunidades Autónomas en las que ni siquiera existen este tipo de leyes.

Esto es algo que debe cambiar. Mientras que partidos como Vox siguen defendiendo estas «terapias», expertos como la Asociación Mundial de Psiquiatría han rechazado estos «tratamientos», por su ineficacia y por los daños que producen.

Algo que está claro es que, mientras que en su día fuimos unos pioneros al aprobar el matrimonio igualitario, en esto nos estamos quedando retrasados. En países como Alemania dos personas del mismo sexo no podían casarse hasta 2017. Y ya han promulgado una ley como esta, a nivel nacional.

Mientras tanto, en España ahí estamos: a la espera. Encontrando cada cierto tiempo artículos de prensa donde se habla de cómo se efectúan aquí estas terapias, mientras muchos miran para otro lado. Es curioso cómo tantas voces que quieren parecerse a Alemania en lo económico, con esto callan.