Esta triste historia constituye una de las pruebas irrefutables (y también innecesarias para todos aquellos que tienen un par de dedos de frente), de que la transexualidad y la identidad de género no son aprendidas ni modificables.

El protagonista es difícil de nombrar porque a lo largo de toda su vida recibió tres nombres diferentes: Bruce Reimer, Brenda Reimer y David Reimer. Podríamos resolver que su nombre real, ya que es el se correspondía con su identidad de género, fue David Reimer.

Sin pretenderlo, David se convirtió en quizá la figura más importante de las últimas décadas en lo concerniente al debate de si existe o no la identidad de género marcada antes del nacimiento.

El origen del infierno de Bruce Reimer

Este terrorífico experimento científico recibió el nombre de Experimento Jhon / Joan. Un experimento que no sólo abordó el tema de la identidad de género y si es posible alterarla a partir de factores externos, sino también el tema de la ética científica.

Este niño se convirtió en una pieza clave del experimento sin siquiera haber empezado a hablar. Nació el 22 de agosto de 1965 en Canadá. Lo hizo al mismo tiempo que su hermano gemelo Brian. Ron y Janeth Reymer fueron los padres de dos preciosos gemelos que conformaron una familia de clase media estándar. Sin embargo, fue 7 meses después del nacimiento cuando se produjo una serie de eventos catastróficos.

Todo empezó cuando la madre se dio cuenta de que los pequeños sentían molestias al orinar y como consecuencia decidió llevarlos al pediatra. Allí les diagnosticaron de fimosis y se planificó la intervención para el 27 de abril de 1966. Aquel día el primero en entrar al quirófano fue Bruce, pero entonces ocurrió el desgraciado accidente.

No se sabe con exactitud si se debió a una mala praxis del cirujano o a un fallo mecánico del bisturí eléctrico, pero cuando intentó cortar la piel sobrante del prepucio no consiguió hacerlo. Al tercer intento se produjo un accidente. Según declaró después el anestesista que estaba presenciando la intervención, se escuchó el sonido de como si un filete de carne estuviese siendo achicharrado. No se logró encontrar una causa clara del accidente, pero la cuestión es que el pene del pequeño Bruce se había quemado por completo, cabronizándose hasta desaparecer.

A raíz de entonces, sus padres trataron de buscar una solución para reconstruir su pene y que Bruce pudiese desarrollar su vida con normalidad. Se entrevistaron con diferentes profesionales especializados, pero tristemente no había una solución posible. Existía la posibilidad de que Bruce se sometiese a una reconstrucción durante su periodo adulto pero, de hacerlo, los resultados estéticos y funcionales iban a ser bastante pobres.

Fue entonces cuando sus padres decidieron que, sin pene, el pequeño tendría una vida muy desgraciada como hombre porque consideraron que no era un hombre completo (increíble). Con una gran tristeza, ambos abandonaron cualquier esperanza.

La aparición del doctor John Money: El artífice de todo

Sin embargo, la historia dio un giro en la celebración del primer cumpleaños de los gemelos. Fue en las vísperas de la celebración cuando vieron en televisión a un doctor llamado John Money, un psicológico neozelandés doctorado en Harvard. En aquellos momentos, este hombre constituía el máximo exponente académico en todo aquello relacionado con la sexualidad y la identidad de género. En su aparición televisiva hablaba sobre el programa que estaba desarrollando en el Hospital John Hopkins de Baltimore sobre cirugías de reasignación sexual.

En aquellos momentos, la transexualidad o la intersexualidad eran fenómenos prácticamente desconocidos. En aquel programa de televisión se resolvían dudas e incluso le preguntaban sobre algunos casos de bebés intersexuales (aquellos que nacen con unos genitales que se encuentran a medio camino entre el pene y la vulva).

En su intervención este doctor declaró que era posible convertir a cualquier bebé en hombre o mujer. Lo único que había que hacer según su teoría era escoger su sexo, aplicarles cirugía y tratamientos hormonales y educarlos en base a su género asignado. Según sus palabras, el bebé de adulto sería completamente feliz y tendría una vida normal. Fueron estas palabras las que llamaron la atención de la madre de Bruce, que en aquellos momentos se sentía bastante deprimida y para ella fue como si viese una luz al final de un túnel.

Poco después se lo contó a su marido y ambos decidieron ir a la consulta del doctor Money. Este psicólogo pronto se interesó por el caso porque constituía una oportunidad única para poner a prueba sus tesis. Él estaba convencido de que el factor sociocultural era definitorio a la hora de desarrollar una identidad de género u otra. Según él, si condicionamos a un bebé a los clichés y estereotipos femeninos, se identificará como mujer, y viceversa.

Aunque ya había tratado con bebés intersexuales, estos gemelos constituían su oportunidad para demostrar si ocurriría lo mismo con dos bebés no intersexuales. Estos menores de dos años eran idénticos aunque uno había perdido su pene. Pensó entonces que si le aplicaban cirugía de reasignación sexual y le creaban una vagina para a continuación educarlo durante toda su vida como niña, finalmente se desarrollaría como una mujer y acabaría identificándose como tal. Al contrario de lo que le ocurriría a su hermano.

El inicio del experimento más cruel

Se pusieron manos a la obra y construyeron unos genitales femeninos para que Bruce no viese ninguna disonancia entre aquello que escuchaba y experimentaba durante su educación y aquello que reflejase su espejo.

Además, empezarían desde ese preciso momento a criarlo como una niña, es decir, sirviéndose de todos los clichés de género que puedas imaginar para que él nunca pudiese sospechar nada acerca del accidente que tuvo. En el momento en que llegase su pubertad le construirían una vagina quirúrgicamente y le aplicarían un tratamiento químico hormonal para que se desarrollase como una mujer. Money estaba convencido de que el bebé acabaría identificándose como una mujer a medida que se fuese desarrollando y que además, viviría una vida feliz. Algo que, según él, jamás podría lograr si viviese como un hombre sin pene.

Después de intercambiar correspondencia con el doctor, el matrimonio viajó hasta su clínica situada en Baltimore y allí terminó de convencerles. Hoy aún no se sabe hasta qué punto aquel matrimonio llegó a ser consciente de que el doctor jamás había aplicado su estrategia a bebés no intersexuales o de que su hijo sería literalmente un conejillo de indias. La cuestión es que Bruce inició su proceso de transformación con 19 meses de edad y desde entonces pasó a ser Brenda Reimer. Sus padres le bautizaron y comenzaron a tratarle como una niña. Dejaron que su pelo creciera, le compraron vestidos y empezaron a enseñarle juegos “de niña”. Ni siquiera había cumplido dos años cuando le castraron y le extirparon los testículos para construirle una vulva cosmética (una operación para que en lo superficial pareciese una vagina como tal).

La operación para la construcción de una vagina completa se retrasaría a su pubertad, momento en el que igualmente se le ocultaría al tiempo que se le aplicaba un tratamiento hormonal. Acordaron no contarle nunca la verdad para no crearle ambigüedades en su identidad. Sin embargo, no funcionó.

Primeros indicios del desastre

Brenda comenzó a comportarse como lo que era, un chico. Se quitaba los vestidos, lloraba y gritaba cuando no le dejaban afeitarse como su padre. Su forma de comportarse y de jugar fueron descritas despectivamente como de “marimacho”. Ignoraba todos aquellos juguetes que se suponen que son de niña y sentía predilección por “los de niño”. Además, no dejaba de decir que cuando creciese quería ser basurero y además siempre intentaba orinar de pie.

Lo peor de todo es que los intentos incansables de que finalmente fuese una chica (a partir incluso de gritos y órdenes desagradables) hizo que adoptase problemas a la hora de relacionarse con otros niños quienes no dudaron en rechazarle. Si se comportaba siendo ella misma, la atacaban porque “se comportaba como un niño” y ya sabemos que esa es una de las principales causas de que se produzca bullying entre los niños trans, los niños gays y las niñas lesbianas. Además, este rechazo también provenía por parte de las niñas.

Hiciese lo que hiciese, estaba condenada al ostracismo y a la discriminación, algo que le generó heridas emocionales. Su infancia se convirtió en un infierno y su bajo rendimiento académico era una prueba más de su infelicidad. El maltrato constante se sumaba a las continuas visitas al doctor Money que le hacía unas revisiones anuales basadas en agresivos interrogatorios que le provocaron traumas. Además, el doctor Money hablaba explícitamente de sexo con ella y le ponía material pornográfico para contrastar de una forma cruel y fría si su experimento estaba dando resultados.

A pesar de que había suficientes indicios que demostraban que el experimento no estaba saliendo bien, a pesar de que saltaba a la vista la infelicidad que sentía Brenda, el doctor no paraba de describir el caso en medios de comunicación como un rotundo éxito. Afortunadamente, con el paso de los años fueron apareciendo voces de otros psicólogos y profesionales que se oponían a sus preceptos.

Milton Diamond aparece para cuestionar la teoría del doctor Money

Según Money, los seres humanos nacemos sin ningún tipo de género. Somos como un papel en blanco y dependiendo de nuestra educación y la forma en que nos veamos a nosotros mismos, acabaremos desarrollándonos como hombres o como mujeres. Esta teoría recibió el nombre de Neutralidad sexual.

Sin embargo, algunos investigadores revelaron que diferentes experimentos demostraban que sí existía una identidad de género ya antes nacer. Nos sentimos hombres o mujeres desde el momento en que somos gestados. Independientemente de cuál sea nuestro sexo biológico. Es decir, un hombre es hombre desde el momento en que se gesta. No importa cómo sea su cuerpo (puede ser perfectamente el de una mujer, como ocurre con los hombres transexuales), no importa la educación que reciba o cómo se vea físicamente (o le hagan verse). Será un hombre pase lo que pase.

Uno de los principales abanderados de esta corriente fue Milton Diamond. Este estudioso defendió que antes de nacer ya se ha gestado la identidad sexual de un ser humano, por lo que los condicionantes externos no tienen ningún tipo de influencia y mucho menos pueden cambiar el género de una persona. Milton se basó en diferentes estudios científicos que revelaban que los animales machos y hembras presentaban diferencias anatómicas en sus cerebros antes de nacer por acción de las hormonas que segregaban durante la gestación.

Es decir, eran machos o eran hembras mucho antes de venir al mundo como tal. Además, se demostró que alternando la exposición a este tipo de hormonas durante la gestación, se podía convertir un macho en una hembra y viceversa. De hacerlo, los machos tendrían comportamientos de hembra (aunque su aparato genital fuese masculino) y las hembras adoptarían comportamientos de macho (aunque tuviesen vulva).

Mientras ambas corrientes seguían enfrentadas, el doctor Money continuaba afirmando públicamente que su experimento había sido todo un éxito. Por lo tanto, continuaba desarrollándose a intensificándose el infierno de Bruce convertido en Brenda.

La pubertad y una decisión sin retorno

Bruce ya estaba alcanzando la pubertad y sería entonces cuando aquel drama llegaría a un punto de no retorno y se desatarían consecuencias inevitables. Llegó el momento de someterle a una operación para construirle una vagina completa, después de lo cual, según el doctor podría de una vez por todas a ser una mujer completa. Por supuesto sus padres jamás le hicieron saber el verdadero motivo de la operación. Le dijeron que había un problema que debían arreglar sin llegar a especificarle. Además, le avisaron de que empezaría a tomar estrógenos para que le creciesen pechos.

Ante aquello, Brenda no hacía más que reiterar lo que ya había dicho: Soy un chico. Pero no le hacían caso y el cada vez tenía más miedo porque no quería que le creciesen los pechos. Definitivamente, no quería ser una mujer. No le importaba lo que dijesen sus genitales, lo que dijesen los médicos o lo que dijesen sus padres. Él sabía que no era una mujer.

Finalmente le obligaron a iniciar el tratamiento y sus pechos y caderas comenzaron a desarrollarse. Empezó entonces a vestir prendas anchas para que no se distinguiesen sus curvas (algo, que por otro lado, también suelen hacer los hombres transexuales durante su adolescencia). También decidió comenzar a comer más para que el exceso de grasa hiciese su cuerpo más homogéneo y por lo tanto, sus pechos se notasen menos.

Al mismo tiempo, el maltrato y el bullying se intensificaron. Sus compañeras de clase comenzaban a desarrollar cambios físicos propios de la edad y Brenda estaba muy lejos de verse tan femenina como ellas. A pesar de la medicación y a pesar de sus pechos. A pesar de que incluso muchas veces la necesidad de integrarse con el resto de niños la obligase a intentar parecer más mujer. Se maquillaba, se ponía vestidos y zapatos de tacón.

Sin embargo, al final siempre acababa saliendo a la superficie el hombre que había en su interior. Además, siempre tuvo claro que sentía atracción sexual por las mujeres, y no por los hombres. Fue entonces cuando se sintió, si no un hombre, sí una lesbiana. Con todos los problemas que eso suponía en aquellos tiempos.

Todo esto generó un caos dentro de su cabeza y comenzó a desarrollar comportamientos extraños: Se enfadaba a menudo de una forma desmesurada y comenzó a robar en diferentes comercios. Todo aquello estaba rompiendo aquella familia en mil pedazos. Su madre comenzó a desarrollar trastornos depresivos, su padre se hizo alcohólico y Brian se sentía desplazado porque el centro de atención en la familia siempre era Brenda, debido a todos los problemas que tenía.

Un punto de inflexión: Adios a la terapia de feminización

Aunque sus padres ya eran conscientes de que habían cometido un error sometiendo a su hijo a aquel experimento, se resignaban a reconocerlo. No eran capaces de asumir que ellos habían sido los causantes de aquel desastre.

El punto de inflexión llegó cuando su hija Brenda les amenazó con quitarse la vida si seguían insistiendo en someterla a la operación. Además, vistos los resultados, todo el equipo médico implicado en el caso comenzó a darse cuenta de que aquello había sido un verdadero fracaso a pesar de que el doctor Money no estuviese dispuesto a reconocerlo.

Llegó un día en el que les recomendaron a los padres revelarle toda la verdad a su hijo. Fue entonces, cuando Bruce tenía 14 años, el momento en que decidieron hacerlo. Lo hizo su padre y declaró que cuando lo hizo sintió una infinita sensación de alivio. Así pues, Bruce optó entonces por comenzar a vivir como lo que era. Un hombre. Inició un proceso para revertir todos los cambios. Un tratamiento a base de testosterona y diferentes operaciones para reconstruir su pene. Aunque sin testículos jamás podría convertirse en padre, sí que podría por lo menos, vivir tal y como él deseaba.

El inicio de una nueva vida y la llegada de la tragedia

A los 18 años decidió llamarse David, porque según él, se sentía como si hubiese luchado contra un monstruo gigante, contra un Goliat. Cuando se publicó un libro hacia el año 2000, en el que David decidió relatar su historia, parecía que iba a acabar con un final feliz. Sin embargo, lamentablemente, no fue así.

Cuando David descubrió la verdad pareció que todo comenzaba a mejorar. Hizo amigos, estudió y logró encontrar un trabajo acorde con sus aspiraciones. Además, también conoció a una mujer con la que se casó y juntos adoptaron a varios hijos.

Pero el pasado gris de la familia se cebó sobre su hermano Brian, que había sido desplazado sistemáticamente a lo largo de su infancia y su adolescencia debido a los problemas de su hermano. Cuando Brian descubrió lo que sus padres y el doctor Money habían hecho con David se rompió por dentro y el enorme dolor que le provocó saber lo que había sufrido su hermano, generó problemas en su vida. Cuando David hizo pública su historia le apoyó pero llegó un momento en el que todo aquello le sobrepasó y acabó quitándose la vida a los 36 años con una sobredosis de fármacos.

Al trauma que se había arraigado en el interior de David se sumó ahora la muerte de su hermano. Comenzó a sentirse culpable por su fallecimiento y entonces comenzó a hundirse psicológicamente y a tomar malas decisiones financieras. Como consecuencia, y sumado a todos los problemas que se habían derivado de todo aquello, su mujer decidió dejarle. Se vio entonces arruinado y completamente solo de la noche a la mañana. Todo lo que había construido se vino abajo.

Entonces, él también tomó la drástica decisión de acabar con todo suicidándose en 2004 de un disparo en la cabeza. Ni siquiera había cumplido los 40 años de edad.