Capitalismo rosa: Cuando los derechos LGTB son un negocio para muchas compañías

Desde hace años son muchas las empresas e instituciones que quieren caminar de nuestra mano. Desde multinacionales a comercios locales, desde gobiernos hasta ayuntamientos. A día de hoy muchos quieren sumarse a nuestra lucha de cara a la galería, pero ¿qué hacen realmente?

Veamos un ejemplo: el Orgullo Gay de Madrid. Las cifras dicen que el impacto económico de esta festividad es de más de 200 millones de euros. Mucho dinero, del que todo el mundo quiere un trozo del pastel.

No se trata sólo del día del Orgullo. Una empresa se limita a añadir una bandera multicolor al embalaje de su producto y aumenta sus ventas. Hacen un spot o un comunicado mostrándose como gay friendly, y sus ganancias crecen como la espuma. La realidad es que damos dinero. Eso hace que, nos guste o no, seamos un producto. Un activo más. Un número.

Por supuesto, puede haber empresas o entidades que sí compartan nuestra lucha. Pero lo que se ve en la mayoría de los casos es que no hay acciones para mejorar nuestras condiciones. Lo único que hacen es colgarse el pin, y extender la mano para recoger el dinero.

Todo esto es lo que llamamos capitalismo rosa, o gaypitalismo. Están tomando nuestra lucha y la están monetizando. Ganan dinero de nuestro sufrimiento y de nuestra sangre. Dicen que nos visibilizan, ¿pero a qué precio? Están apropiándose de nuestras victorias. Nos han convertido en un nicho de mercado, y lo explotarán tanto como puedan. Eso es el capitalismo.

Estamos ante el mismo sistema que produce en masa camisetas de Che Guevara, o que gana millones y millones importando caretas de Guy Fawkes. Han tomado iconos modernos del comunismo o del anarquismo, y los han rentabilizado. Lo mismo están haciendo con la lucha LGTB.

Esto no sólo es malo porque nos convierte en herramientas del mismo sistema que siempre nos ha oprimido. También lo es porque frivoliza nuestra lucha. Y porque ese poder económico tomará sus decisiones basándose en lo que aportará o no aportará beneficios. Como consecuencia, se visibiliza sólo lo que es rentable.

La mayoría de eventos, productos y campañas gais están orientadas a un público claro. Hombres homosexuales, blancos, de cuerpo dentro de los estándares. Estamos entrando por un aro del que queríamos huir. Y eso no es bueno. Esas mismas empresas que fingen estar de nuestro lado no afrontan el problema de la discriminación laboral trans. Se limitan a decidir lo que es LGTBI+ y lo que no lo es.

La cadena de comida rápida McDonalds sacó unas patatas especiales en la semana del Orgullo Gay llamadas «Pride Fries». La única modificación era que en la parte trasera del cartón del envase estaba impresa la bandera multicolor. El Corte Inglés, Vips, Google, Ben & Jerry’s…

Son muchas las multinacionales que han tenido campañas específicas hacia nuestro colectivo. Incluso Burguer King ofreció una hamburguesa especial, la Proud Whopper, en 2014. Estaba envuelta en un papel con nuestra bandera y el mensaje «Todos somos iguales por dentro». Pero esta es la misma cadena que ese año expulsó a una pareja gay en Madrid por darse un beso.

Lo que tenemos que tener claro es que para todas empresas somos un nicho de mercado más. Para los políticos y las instituciones, somos votos. Hay Comunidades Autónomas en nuestro país que cuelgan una bandera el día del orgullo, pero no tienen una ley LGTB. ¿Dónde está el apoyo a la hora de la verdad?

¿Dónde, con las decenas de abusos que sufrimos cada semana? También hay artículos en internet sobre cómo hacer que tu marca sea gay friendly. Y en general ninguna de las recomendaciones habla de adoptar medidas que mejoren la vida del colectivo. Todo sobre lo que se habla son las campañas de marketing y cómo eso te hará ganar más dinero.

El movimiento LGTBI+ es mucho más que eso. Nos estamos acercando a un punto peligroso. El punto en el que se nos considerará «visibilizados» por nuestra representación en los medios. Pero ellos sólo visibilizan aquello que les interesa. Coca-Cola, Air Europa o Idealista son algunos de los patrocinadores del Orgullo en Madrid.

Empresas millonarias que forman parte de todo este engranaje capitalista. Empresas asociadas a los sectores más tradicionales, aquellos que están en contra del matrimonio igualitario. Corremos el peligro de dar la impresión de que ellos están con nosotros. De que hablan en nuestro nombre.

No podemos olvidar que cuando una empresa pone una bandera arcoíris, no está haciendo nada por nosotros. Están lavando su imagen. Nos usan como ejemplo de mentalidad moderna, de tolerancia. Como una empresa de comida rápida patrocinando un evento de deporte, o diciéndote que hagas ejercicio. No debemos buscar la tolerancia (porque eso implica posición de inferioridad), sino una integración laboral, social y real. Y desde luego el camino no es que ellos se aprovechen de nuestra lucha para lucrarse.

Están utilizándonos, esa es la realidad. Usando nuestra imagen, usando nuestra lucha y frivolizando con todo lo que representamos. Ganan millones y millones, pero no aportan nada. Y aún esperan que estemos agradecidos.

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The Stonewall. Revista de Contenidos LGBTI en España.