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La alopecia sigue siendo un tema tabú dentro del mundo de las celebrities, especialmente si va acompañada de algún tratamiento como el trasplante capilar. Cuando alguien anuncia que se ha sometido a esta intervención estética corre el riesgo de sufrir un estigma. ¿Por qué ocurre esto?

El actor Cheyenne Jackson se vio obligado a liadiar con ello durante mucho tiempo. Según cuenta, fue a inicios de la veintena cuando empezó a percibir cómo su pelo se caía de forma intensa. Poco a poco comenzó a perder volumen y eso le ha llevado a someterse a cinco trasplantes capilares haciéndolo por primera vez a los 28 años y de una forma totalmente clandestina.

“Me costó mucho dinero y resultó muy doloroso, pero me hizo sentirme mejor conmigo mismo”.

Sin embargo, sus sucesivas operaciones comenzaron a dejar signos visibles en forma de cicatrices. Cheyenne tuvo claro entonces que lo mantendría en secreto:

“Como el actor vanidoso que soy en una industria que premia la belleza, me prometí a mí mismo que lo mantendría en secreto toda la vida. Me siento como un es**pido al decirlo, pero es la verdad. Era como si el mero hecho de que alguien se enterara fuera a socavar mi talento o a restarme valor a ojos del mundo”.

Según reveló en sus propias redes sociales, cada vez que iniciaba un nuevo rodaje sentía una gran ansiedad cuando, espantado por la vergüenza, se veía obligado a abordar al equipo de peluquería para explicarles su secreto en la más estricta privacidad.

Al fin, decidió hacer pública su situación y compartir con sus seguidores imágenes con las cicatrices generadas por las operaciones. Además, aprovechó para reconocer que sus inseguridades estéticas no eran para nada relevantes teniendo en cuenta que hay muchas personas pasando por verdaderos problemas en plena pandemia por coronavirus. Esta revelación en unos momentos tan críticos a nivel mundial le hicieron sentirse un poco frívolo, a pesar de que necesitaba hablar de ello:

“El motivo por el que he decidido hablar de esto es que necesito librarme de la vergüenza y la ansiedad que me causaba la mera idea de que alguien pudiera descubrirlo”.

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