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La película que William Friedkin rodó hacia 1979, está envuelta en un extraño aura en donde la ficción se mezcla tétricamente con la realidad. El director se sintió inspirado por una novela, pero también por una sórdida serie de asesinatos que había cometido Paul Bateson, un radiólogo que despedazó literalmente a varios hombres gays para después depositar los restos de los cadáveres en el río Hudson. Un error destapó sus terribles actos, concretamente, el asesinato de Addison Verril, un crítico de cine al que destruyó la cabeza a golpes con una sartén. 

Una vez que este oscuro asesino fue internado en prisión, un periodista llamado Arthur Bell relató en su periódico parte de la vida de Bateson y aseguró que siempre había tenido problemas para encontrar un trabajo estable. De hecho, uno de los pocos empleos que había tenido poco antes de llevar a cabo los crímenes fue en una película del mismo William Friedkin como figurante, en El exorcista. 

Años después, el mismo periodista que firmó el artículo sobre Bateson, Arthur Bell, creó una campaña desde su periódico hacia 1979 para detener el rodaje de Cruising, la siguiente película de William Friedkin sobre el asesino de gays que había participado como extra en El exorcista. ¿La razón? Creía que su lanzamiento incitaría a asesinar y mutilar a hombres gays.

Finalmente la película llegó a materializarse y de hecho, muchos críticos especializados creen que fue la que cerraría la era dorada del cine policíaco norteamericano. La cinta presentó al gran público el relato de unos asesinatos que se habían producido en un ámbito más oculto y desconocido de la ciudad: El oscuro y lejano mundo del sadomasoquismo gay. No obstante, no fue su trama policíaca (que es pretendidamente difusa y ambigua) lo que llamó la atención. En realidad, fue el protagonista, un agente de policía infiltrado en este mundo underground, heterosexual y defensor implacable de la norma y la ley, que acaba sintiéndose atraído por este mundo marginal.

La decisión de Friedkin de llevar esta historia a la gran pantalla no estuvo exenta de dudas. Phil D’Antoni le remitió la novela Cruising del autor Gerald Walker pidiéndole que hiciese una adaptación. Sin embargo, lo cierto es que al director le desagradó y la encontró bastante anodina. Uno de los motivos es que la trama estaba contextualizada en la década de los sesenta, un momento que quedaba bastante lejos de la revolución sexual que se produjo diez años más tarde. D’Antoni seguía viendo potencial y no tiró la toalla. ¿Qué hizo? Dirigirse al mismísimo Spielberg quien mostró más interés aunque finalmente no pudo llevar a cabo el proyecto.

Lejos de arredrarse, D’Antoni volvió a llamar a la puerta de Friedkin y, finalmente, consiguieron llegar a un punto en común. Esta vez, los atroces crímenes acontecidos en Nueva York por uno de los extras que apareció en El Exorcista sirvió como un aliciente y un punto de arranque interesante.

William Friedkin decidió ponerse en contacto con el abogado del asesino y se entrevistó con el mismo Bateson en la prisión de Rikers Island. Allí, el criminal le dijo que la policía le había obligado a reconocer unos crímenes que jamás había cometido y además se vanaglorió de haberse convertido en un descuartizador conocido en todo el mundo. Aquellos encuentros sirvieron para que nuestro director ganase confianza en el proyecto. A él siempre le atrajeron los asesinatos sin resolver (Jack El destripador siempre fue una fuente de inspiración para él). Su objetivo con la película estaría exento de implicaciones políticas, en realidad tan sólo deseaba que el espectador pudiese ver ante sus propios ojos la imperfección del mundo.

A estas curiosas anécdotas se le suma el hecho de que uno de los mejores amigos del director, Randy Jurgensen, era un policía de Nueva York que ya había pasado por algo similar a lo que pasa el protagonista de la película. Se infiltró en los ambientes gays para descubrir la identidad de delincuentes que se hacían pasar por policías para extorsionar a hombres gays. Esto fue de hecho una importante fuente de inspiración. ¿Sabías que el apartamento o el motel que aparecen en el filme son localizaciones en las que su amigo estuvo durante su investigación en la vida real? Además, al inicio del metraje aparece una escena en la que dos policías exigen a dos travestis que les hagan sexo oral y esto también ocurrió en la vida real. Pero esto no fue lo único, el detective negro que daba golpes en la cara durante las sesiones de interrogatorios y que llevaba un tanga y un sombrero de vaquero también fue extraído de la experiencia real.

El siguiente paso fue encontrar actores reales y ¿qué hizo Friedkin? Se dirigió a los principales garitos gays de Manhattan y creó un amplio grupo de hombres gays que aparecerían en la película: “No hubo figurantes en el sentido estricto, todos los hombres que aparecen no eran actores, estuvieron haciendo lo que les gustaba y además les pagamos”, declaró el director. Además, también reveló que el 90% de todos ellos murió en los siguientes diez años de SIDA.

En realidad, las escenas que podemos ver en el local sadomasoquista con tocamientos (incluyendo fist fucking) en el fondo, estaban produciéndose en realidad (no estaban actuando). Según el director, Al Pacino estuvo muy incómodo durante todo el rodaje y cada vez que el director decía ¡corten! el actor salía corriendo del set mientras el resto de extras seguían practicando sexo.

Como consecuencia, los ejecutivos del estudio se vieron obligados a censurar gran parte de las imágenes grabadas. ¡Se destruyeron más de 40 minutos de material! No querían que la película fuese clasificada como “película X” para poder distribuirla por los circuitos comerciales estándar.

Sin embargo, más allá de los posibles problemas de censura, el equipo debió enfrentarse al rechazo tácito que manifestó la comunidad gay. Asociaciones como Gay Task Force o Gay Activist Alliance fueron a por William Friedkin sin miramientos porque consideraron que la película era una clara “provocación homófoba” que de hecho multiplicó las agresiones contra gays por representar al colectivo sólo a base de estereotipos. No obstante, también hubo algunos hombres gays que estuvieron encantados de que la película viese la luz, especialmente aquellos apasionados por el cuero y el mundo BSDM.

¿Sabías que durante los meses de rodaje se produjeron numerosos asaltos y ataques físicos contra el equipo técnico? Agrupaciones de activistas se presentaban en las localizaciones de rodaje y gritaban tanto como podían para que no pudieran grabar los sonidos con calidad. También utilizaban espejos para reflejar el sol en las escenas y arruinar la iluminación. Y no sólo eso, arrojaron piedras, botellas y desperdicios. Como consecuencia, el equipo tuvo que recurrir a un cuerpo de guardaespaldas y cientos de policías que les protegiesen. Por supuesto, Friedkin recibió decenas de amenazas de muerte.

Las proclamas de los grupos de activistas eran claras: «No es una película sobre cómo vivimos, sino sobre por qué tienen que matarnos». Incluso la National Gay Task pidió al alcalde demócrata Ed Koch que anulase los permisos de rodaje: «No pedimos censura, solo le pedimos a Hollywood que se aplique la misma autocensura que tiene con otras minorías». Y citó como ejemplo a la comunidad negra: «¿Irían a rodar a Harlem algo como The birth of a nation?». Por su parte, el movimiento de gays católicos Dignity agregó: «No estamos en contra de que se haga el film, pero no en nuestras calles y con nuestra gente».

Para el recuerdo, quedan una de las citas que uno de los cantantes que formó parte de la BSO, Willy DeVille, quien hizo declaraciones sobre su experiencia en el proyecto:

Recuerdo que un amigo mío vino al rodaje y no podía entender ese rollo. Le preguntó a uno de ellos qué les podía gustar de meter el brazo por el culo a otro hombre, y el tipo contestó: «porque cuando meto el brazo por el culo a mi amante puedo sentir su corazón latiendo en mi mano».

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