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John O’Reilly, enfermero del Hospital Middlesex de Londres  quedó atónito el día en que la princesa de Gales, Lady Di, protagonizó uno de los actos más emblemáticos y a la vez humanos de nuestra historia. “Si alguien procedente de la familia real puede dar la mano a un enfermo de sida en un hospital, alguien en una parada de autobús o en un supermercado puede hacer lo mismo”. Ocurrió hacia abril de 1987 y aquel momento quedó grabado en nuestro corazón para siempre.

Su aparición fue rodeada, como era habitual, de una gran expectación. Una miríada de cámaras y periodistas siguieron su paso firme hacia el ala en el que se encontraban los pacientes enfermos de sida. En aquellos momentos, la enfermedad se había expandido en forma de epidemia mundial. Era considerada como una maldición y los enfermos, pecadores y seres a evitar. El terror al contagio hizo que los afectados fuesen sometidos a unas condiciones inhumanas de aislamiento hasta el punto de que muchos de ellos, abandonados por familiares y amigos, morían por falta de contacto humano y en total soledad.

‘El cielo sabe que lo necesitan’

En un contexto así, sorprendió doblemente la actitud de la princesa. No sólo por tener el valor de presentarse a un lugar tan lamentable, peligroso (sobre todo en aquellos momentos en los que se desconocía mucho sobre la enfermedad) y triste. También por no tener ningún tipo de reparo o no establecer barreras entre ella y los enfermos. Sin dudarlo se acercó hacia la cama de uno de ellos. Con la mano desnuda, sin guantes o mascarilla, acercó la mano y se la dio. En aquellos momentos la luz de un flash hizo el resto y la imagen se expandió alrededor de todo el mundo. Es curioso cómo un pequeño gesto puede significar tanto para tantísimas personas.

Su hijo menor, el príncipe Harry habló de ello hace poco más de dos años en un evento contra el sida:

“Era consciente de que el sida era precisamente una de esas cosas que la mayoría deseaba ignorar. Parecía un reto falto de esperanzas y tenía la convicción de que la falta de entendimiento sobre la nueva enfermedad estaba dando pie a situaciones muy peligrosas mezcladas con homofobia. Cuando le dio la mano a un enfermo de sida de 32 años frente a todas aquellas cámaras, ella sabía perfectamente lo que estaba haciendo. Estaba poniendo al servicio de aquellos enfermos su posición como princesa de Gales (en aquel momento, la mujer más famosa del mundo) como una forma de retar al mundo para educarse a sí mismo en valores, encontrar su compasión y llegar a aquellos que necesitaban de ayuda en lugar de echarlos”.

La princesa de Gales, Lady Di, habló sobre el tema en más de una ocasión. Por ejemplo, hacia 1991 pronunció unas palabras que jamás olvidaremos:

“El sida no hace peligrosas a las personas, puedes darles la mano… y un abrazo. El cielo sabe que lo necesitan”.

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