Hace unos meses el grupo estadounidense Super Happy Fun America estuvo en medio de la polémica al pedir los permisos necesarios para organizar un desfile que celebrase el «orgullo de ser heterosexual». Este desfile fue un fracaso, ya que sólo asistieron algo más de doscientas personas, una cifra bastante alejada de las previsiones del grupo y también de los miles de participantes de la contramanifestación organizada por grupos LGTB en respuesta. 

A pesar de que desde la dirección de Super Happy Fun America se aseguró que el desfile de Boston no pretendía ser «antihomosexuales, sino proheterosexuales», lo cierto es que en esa manifestación fallida se exhibieron pancartas y banderolas con consignas homófobas

Pero, a pesar de que se podía esperar que ese batacazo quedase como una anécdota de mal gusto, el fiasco de Boston no desanimó a aquellos que se sienten oprimidos en su heterosexualidad, por absurdo que resulte, y este pasado dieciséis de noviembre se  organizó una manifestación en Dallas para reivindicar el «orgullo hetero», por parte de Super Happy Fun America y el grupo anti-LGTB Protecting Our Next Generations.

Tal vez tenían esperanzas de que el movimiento fuese creciendo o de extenderse por otros territorios, pero ni siquiera el fracaso de Boston podía anticipar el resultado lamentable que obtuvo este llamamiento. Y es que fueron dos los asistentes a este evento. Dos únicos manifestantes se presentaron en Texas, llegados, como no, desde Boston. Para que nos entendamos: recorrieron casi tres mil kilómetros para ser los únicos en su propia manifestación, por si la situación no era ya lo suficientemente ridícula. Enarbolaban la bandera inventada por Super Happy Fun America, que luce un fondo rosa y azul con el símbolo femenino y masculino engarzados en el centro y gritaban sus consignas manifestando que formaban parte de una mayoría oprimida o que sólo existen dos géneros, sin que nadie las corease. 

Al cabo de un rato se personaron en la manifestación dos participantes más, alcanzando el número de cuatro, duplicando así la asistencia inicial. Uno de ellos es miembro de una organización radical, Dallas Proud Boys, y la otra, llamada «Princess Vann» asegura que logró escapar del lesbianismo gracias a que encontró a Dios. 

Sin embargo, como nos cuenta la tuitera Soraya the Pariah, esta mujer terminó reprendiendo a los otros manifestantes, ya que, según decía nadie le había avisado de qué trataba en realidad el evento y no le gusta el «orgullo» de ningún tipo porque es cristiana.

Al solicitar los permisos los organizadores habían afirmado que esperaban a unas dos mil personas. Pero en la práctica los doce policías que se encargaban de mantener el orden superaban de largo en número a los manifestantes.

Y es que por no acudir, no acudió ni siquiera Teresa Stephens Richenberger, la persona que había organizado el evento publicado en Facebook para hacer la convocatoria.

Es así como este absurdo movimiento vuelve a fracasar ante las cámaras, demostrando que no sólo es innecesario, sino también ridículo.