¿Te suena el término Chemsex? Se traduce como sexo químico y una nueva tendencia que tiene atemorizado al sector médico en España y Gran Bretaña.

Su práctica consiste en mantener relaciones sexuales a la vez que se mezcla con el consumo de todo tipo de drogas con la finalidad de incrementar el tiempo de sexo o multiplicar la sensación de placer. De hecho, las sesiones de sexo químico pueden llegar a tener una duración de hasta 72 horas lo cual puede derivar en consecuencias graves tanto a nivel físico como emocional.

Las drogas más empleadas en este tipo de sesiones son la metanfetamina o la mefedrona. Estas tienen la capacidad de influir directamente sobre el comportamiento sexual de las personas y suelen consumirse a través de vía intravenosa. Además, suelen complementarse con otro tipo de fármacos pensados para paliar la disfunción eréctil o el popper así como la cocaína.

Este tipo de prácticas suponen grandes riesgos no sólo por el consumo de sustancias nocivas, sino también porque incrementan de una forma abrumadora los riesgos de sufrir un contagio de VIH. Y es que estas sustancias químicas eliminan toda sensación de peligro porque las personas que lo practican suelen hacerlo sin utilizar medidas de protección. De esta forma, participar en este tipo de encuentros multiplica de forma exponencial las posibilidades de contraer ETS.

A menudo, los participante suelen compartir las mismas jeringuillas para inyectar las sustancias lo cual hace que los riesgos no sólo estén presentes en las prácticas de coito sino también en el propio acto de drogarse.

Chemsex: Cifras alarmantes

Lo más preocupante de todo esto, es que las fiestas de amor químico suelen realizarse entre desconocidos por lo que nadie puede saber si está practicando sexo con una persona que tenga un virus.

Pero, ¿qué tipo de hombres suelen recurrir a estas prácticas con mayor asiduidad? Los investigadores señalan que es una práctica muy extendida entre los hombres gays amantes de la fiesta, solteros y que tienen entre 20 y 50 años de edad.

Lo más preocupante de todo esto es que el sexo químico está creciendo a pasos alarmantes especialmente dentro de las grandes ciudades. Hace poco se elaboró una encuesta en España con 1000 hombres participantes del Chemsex. De ellos, más del 40% declaró haber consumido este tipo de drogas para mantener prácticas sexuales grupales. Además, el 14% de todos ellos mostraba una total despreocupación por las consecuencias que podían derivarse del Chemsex.