La criminalización del sexo gay continuaba vigente hasta hace muy poco en gran parte del mundo. Por ejemplo, existían las leyes contra la «sodomía» aún en la década de los ochenta. La situación entonces era realmente complicada sobre todo si tenemos en cuenta que la epidemia del sida había comenzado a matar a millones de hombres gays y esto fue suciamente utilizado por los cristianos más conservadores.

Fue entonces cuando se empezó a difundir a nivel masivo la idea de que la degeneración moral era la causa de que apareciesen enfermedades (un castigo de Dios). Tristemente, aún sigue ocurriendo en algunos países por lo que seguramente puedas hacerte una idea.

La situación que existía para la comunidad LGTB entonces resultaba insoportable y este fue uno de los motivos por los que dos hombres decidieron soñar con la construcción de una ciudad completamente gay. El objetivo de Fred Schoonmaker y su esposo Alfred Parkinson era ofrecer un espacio a los hombres homosexuales donde pudiesen vivir en completa seguridad y de una forma pacífica.

Ambos decidieron ponerse manos a la obra para llegar a hacer ese sueño realidad. La ciudad de hecho iba a situarse dentro del desierto de Nevada y recibiría el nombre de Stonewall Park. Se trataba de casi un sueño irrealizable pues allí los hombres podrían vivir sus vidas sin sentir terror por ser quienes eran y por sufrir los estragos que supone la homofobia.

Stonewall Park: El origen de un sueño lejos de la homofobia

Schoonmaker había tenido una juventud bastante sombría. Vivía en una ciudad industrial situada al oeste de Virginia. Desde joven tuvo siempre clara cuál era su identidad por lo que ya empezó a relacionarse con gente que le pudiese comprender. Dos de sus amigos decidieron luchar desde su juventud contra la homofobia y la injusticia aunque tristemente ambos acabaron suicidándose cuando sólo contaban con 16 años.

Schoomaker ya comenzó a desplazarse en autobús hacia la ciudad más cercana donde había un bar gay cuando sólo contaba con 14 años de edad. «No puedo imaginar a dónde creían mis padres que me iba» aseguró.

Hacia la década de 1960 se mudó junto a su familia para vivir en Reno (Nevada). Allí pudo conocer a un hombre negro y homosexual que sería muy especial para él llamado Parkinson. De hecho se convertiría en al amor de su vida. Era bastante menos expresivo que él (aunque en realidad bastante más sensible).

Juntos soñaban con lo mismo: Un mundo en el que tuviesen un lugar y donde no tuviesen que vivir continuamente invadidos por la sensación del miedo y la inseguridad.

Su proyecto estaba totalmente planificado. Stonewall Park estaría habilitado para albergar a más de 24 millones de estadounidenses que formaban parte de la comunidad gay (había estudiado las cifras). Aquella ciudad estaría repleta de locales de ocio, deportivos, y casas situadas en hermosos barrios residenciales.

Juntos desarrollaron un primer estudio del proyecto de forma conjunta y posteriormente compartieron su idea con otros hombres que deseaban lo mismo. Cada vez contaban con más personas interesadas y que apoyaban rotundamente su proyecto, pues compartían la misma sensación de inseguridad que ellos.

Al poco tiempo, y gracias a este proyecto urbanístico en el desierto de Nevada, Schoonmaker y sus compañeros iniciaron un proyecto periodístico (una revista para la comunidad LGTB) que además serviría para difundir su idea de una forma más masiva entre el colectivo gay.

Fue hacia el año 1984 que los seguidores de Schoonmaker se unificaron para crear una Asociación llamada Stonewall Park y ya hacia 1986 comenzaron a distribuir huchas por los bares gays locales con la finalidad de financiar el sueño.

Un inicio repleto de esperanzas con un triste final

Todo estaba saliendo a la perfección, sin embargo hubo un primer obstáculo: La homofobia de la sociedad no consentiría que ese proyecto se llevase a término. Y es que Schoomaker estuvo a muy poco de comprar un terreno de más de 100 acres en Nevada (Silver Springs).

Como podrás imaginar, los residentes locales que estaban junto a dicha localización entraron en una crisis de pánico pues descubrieron que vivirían cerca de hombres homosexuales. Sintieron una amenaza a que acabase con su «pequeña comunidad, tranquila, limpia y saludable». Evidentemente, todos los residentes acabaron protestando contra el proyecto Stonewall Park y Schoonmaker se vio obligado a demandarles aunque de nada le valió.

Este primer golpe hizo que todos los seguidores de la idea perdiesen las esperanzas ante la realización de dicho sueño. Era un hecho: Vivían en una sociedad donde reinaba la homofobia por lo que era prácticamente imposible que dicha sociedad les permitiese vivir libres en paz y de forma independiente.

Esto supuso un golpe bastante duro aunque no lo suficiente como para destruir las esperanzas de Schoonmaker y hacer que tirase la toalla. Esto le hizo fijar su atención en una nueva localización. Se trataba de un pueblo fantasma llamado Riolita. Ya estaba construido y había logrado independizarse de la ley estatal por lo que una vez que Schoonmaker se estableciese allí con el resto de habitantes de Stonewall Park podrían establecer sus propias leyes que evidentemente despenalizarían la homosexualidad.

El sueño volvía a estar cerca y tendría un precio: 2,25 millones de dólares. Sin perder la esperanza Schoonmaker hizo un primer pago y se mudó a vivir allí con Parkinson y sus perros en un furgón a las afueras. Al mismo tiempo instó al resto de soñadores a mudarse allí también.

La homofobia otra vez

Desafortunadamente la homofobia volvió a hacer acto de presencia y esta vez para asestar el golpe de gracia definitivo a aquel sueño. Aunque todo parecía ir sobre ruedas se fue expandiendo la noticia del proyecto Stonewall Park incluso a través de diferentes medios nacionales. Esto provocó que las personas que vivían en las cercanías al pueblo comenzasen a hacer violentas protestas para destruir el sueño de Schoonmker.

Por ejemplo, un alcalde de un pueblo cercano llamó al Stonewall Park un caldo de cultivo para el SIDA. Fue entonces cuando comenzaron a aparecer niños para tirar piedras e incluso balas junto a insultos y amenazas en su propio furgón (el lugar donde vivía con su marido). Incluso pintaron con un aerosol mensajes como «Salvaremos a nuestros niños del sida».

Algunas personas de la comunidad LGTB visitaron Riolita para mudarse allí, aunque no la mayoría porque otras sólo fueron a verlo. No había apoyo suficiente y Schoonmker sólo había logrado recaudar 6.000 dólares por lo cual no pudo continuar pagando. Fue por ello por lo que al poco tiempo tuvo que mudarse a otro lugar junto con Parkinson.

Un último intento y una muerte precoz

La idea no le abandonaba a pesar de todo. Fue por ello por lo que hizo un primer pago para la compra de un rancho de cabras abandonado que estaba compuesto por 40 acres en un condado llamado Pershing. Lamentablemente la gente se negaba a mudarse allí por ser un lugar muy apartado de la ciudad y además ocurrió lo mismo: Las personas que vivían cerca de allí hicieron nuevamente protestas contra su proyecto.

Poco a poco tuvo que abandonar la idea porque además descubrió que las personas de la comunidad gay tampoco le apoyaban lo suficiente y en el fondo la mayoría de ellas querían seguir viviendo en sus ciudades altamente homófobas.

Hacia el año 1987 fue diagnosticado de VIH y su sueño se esfumo, aunque quedó un reducto de él: Crear un campamento de verano gay. Desafortunadamente nuestro visionario falleció ese mismo año al sufrir un infarto con tan sólo 44 años.

Su novio Parkinson decidió abandonar para siempre Nevada portando las cenizas de Schoonmaker y llevándose para siempre con él el gran sueño de su compañero sabiendo que ya jamás lo vería cumplirse.