Estar solo puede ser realmente positivo y enriquecedor. De hecho, en realidad es una necesidad. Todas las personas necesitamos tener períodos en la vida en los que gocemos de soledad y soltería. Conocernos a nosotros mismos es muy importante para poder desarrollar una autoestima positiva y también para poder mantener unas relaciones más maduras y saludables.

Y esto no debe malinterpretarse. Esto no significa que estando en pareja no podamos conocernos a nosotros mismos. Es sólo que hay ciertas partes de nuestra identidad que sólo podemos descubrir en soledad. De hecho, es importante que aún cuando tengamos pareja contemos con un espacio para vivir en soledad determinadas experiencias.

Sin ese espacio sagrado se produce una dependencia lo cual se traduce en toxicidad y acaba haciéndonos infelices, generándonos carencias y perjudicando a nuestra relación de pareja.

Sin embargo, estar soltero y vivir en soledad no es tampoco del todo saludable. Al menos eso es lo que revela la investigación llevada a cabo por la doctora Juliane Holt-Lunstad, profesora de psicología en la Universidad Brighan Young de Utah.

Se sabía que la soledad puede elevar las posibilidades de sufrir depresión o incluso generar hábitos negativos como el sedentarismo, el mayor consumo de alcohol, tabaco o incluso elevar las posibilidades de que se produzca el contagio de una ETS. Su estudio parte de esta base. ¿Hasta qué punto puede ser perjudicial la soledad para la salud?

Para poder responder a esta pregunta trabajó sobre una muestra de más de 200 casos. El resultado ha sido sorprendente: La soledad es más perjudicial para la salud que la obesidad. Según las conclusiones, la soledad y el aislamiento propios de la soltería pueden tener un peor impacto sobre nuestra salud que el sobrepeso. Frente al 30% de posibilidades de tener una muerte prematura por obesidad, calcula que la soledad eleva al 50% dicho riesgo.

Esto podría ser bastante comprensible en realidad. Cuando tenemos una pareja estable solemos mantener un estilo de vida más dinámico, socializamos más, consumimos menos alcohol y tendemos a sufrir menos episodios de depresión. Además, al vivir con nuestra pareja contamos con su auxilio cuando sufrimos accidentes domésticos.