Por desgracia, aún hay personas, sobre todo gente joven o incluso niños, a los que les cuesta decir que son gays. Seguimos viviendo en una sociedad, a pesar de los avances, en que la sexualidad sigue ocultándose. Por ello, muchas veces se tiene ese miedo a decir la verdad, tu verdad, la que no debería importar a nadie. Nunca escucharás a un heterosexual decir a sus padres que lo es, porque se sigue creyendo que eso es lo normal.

Quizá llegue un día en que simplemente no importe decirlo, pero hasta entonces siguen ocurriendo cosas como esta. Y es que la historia que hoy nos ocupa trata de un hijo llamado Rubén que planeaba decirle a su padre que es gay. Mantenía una conversación con su novio por teléfono cuando su padre lo escuchó por casualidad.

Rubén temía lo que podría decir su padre, aunque estaba decidido a hacerlo. Por esto, el progenitor, decidió no hacerle pasar un rato complicado a su hijo. Concluyó tomar la iniciativa y ayudar a Rubén en este paso tan importante para su vida.

La carta a Rubén

Le escribió una carta sencilla, sin florituras, pero con un mensaje claro “Te quiero y no me importa que seas gay”. En ella comentaba que ya lo sabia desde los 6 años y que solo debía preocuparse de trae el pan después de clase. 

Es un gesto precioso que sin duda emocionaría a Rubén, porque hay pocas cosas mejores que ver cómo te aceptan sin condiciones. Y más aún si se trata de personas tan importantes en tu vida como tus padres.

Hoy por hoy, la comunidad gay sigue sintiéndose discriminada por la sociedad en muchas ocasiones. Y es algo que todo el mundo puede empezar a cambiar, abriendo los brazos a cualquier persona que quiera sentirse libre.

La aceptación 

Podríamos coger el ejemplo del padre Rubén, y comenzar a ayudar a dar ese paso tan importante a personas a nuestro alrededor. De esta manera, si existe esa confianza y ese amor, finalmente acabará por ser trascendente el hecho de asegurar la sexualidad de una persona. 

El cambio se está realizando poco a poco, y seguro que Rubén sirve como ejemplo de valentía y libertad. La carta concluía diciendo que su madre y él (su padre) creían que hacía una gran pareja con su novio. Un gesto más, para demostrar la aceptación total.