La iglesia y el catolicismo siempre han tratado a la lujuria como uno de los peores pecados existentes. Todo deseo sexual o carnal es condenado y enterrado, sobre todo en curas y monjas que prometen el celibato eterno. Pero hay quien ve en esto solo un gesto irracional y autodestructivo. Pero no estoy hablando de la actualidad, sino de 1318.

Fue entonces cuando Juana de Leeds, tentada por sus deseos sexuales y oprimida por no poder usarlos; decidió fingir su propia muerte en el convento en el que vivía para romper las cadenas y dar rienda suelta a esos deseos vetados.

Aunque su historia está incompleta, ha sido Sara Rees Jones, investigadora de la universidad de York quien la ha descubierto. Definiéndola como un boceto de los Monty Python. Y no es para menos, porque la historia tiene miga.

Fingiendo su propia muerte

Ciertamente puede parecer una comedia, ya que usó un muñeco para fingir su muerte. Dijo estar terriblemente enferma y después morir. De hecho, consiguió incluso que se realizase un funeral en un espacio sagrado, lo que consiguió engañar a todo el mundo, o casi.

Porque Juana de Leeds ahora es conocida gracias a una nota en los márgenes de un antiguo libro del arzobispo William Melton en latín. Donde describe el acto de Juana como un escandaloso rumor.

“Seducida por la indecencia”

Es lo que decía el escrito del arzobispo. Seducida por la indecencia, pervirtiendo su vida y yendo hacia el camino de la lujuria carnal. Rompiendo sus votos, andando por el peligro para su alma y el escándalo para su orden. Son algunas de las palabras con las que se definía a esta ex monja valiente que decidió que todo ese mundo no era suficiente para ella.

Es posible incluso que se destruyesen más escritos sobre el caso solo para salvaguardar la reputación del convento y de la iglesia. También se desconoce qué fue de ella y si consiguió esa satisfacción sexual que ansiaba.

Pero lo que queda claro, es la valentía para seguir tus deseos que demostró Juana de Leeds. La importancia de toda libertad sexual y la felicidad que es capaz de aportar. Que sirva de ejemplo para no coartar ni reprimir nuestra sexualidad, para dejar los tabúes a un lado y vivir como queremos. Sin restricciones de la iglesia o sociales. Y si hay que fingir nuestra muerte para ser libres sexualmente, al menos tenemos un referente.