Muchas veces oímos comentarios sobre los hombres homosexuales y la moda. A veces son malintencionados, otras están llenos de ignorancia, y otras impregnadas de unas ideas que rozan la homofobia. De todas las artes, esta es la que más se ha encajado en el estereotipo gay.

De hecho, seguro que muchas veces alguien cercano a ti te ha hecho comentarios del tipo “tú seguro que sabes decorar bien porque eres gay” o “Tú eres gay así que tendrás una gran sensibilidad para ayudarme a escoger mi ropa”. What the hell?

Sin embargo, esta clase de comentarios suele provenir de gente cercana y que suele hacerlos sin malicia. Mucho menos homofobia. Simplemente los sueltan porque tienen integrados algunos estereotipos que en una buena parte de los casos no se corresponden a la realidad.

Existen comentarios de la misma naturaleza y que sin embargo provienen de personas realmente homófobas. La gaycracia es un concepto que a menudo se utiliza para desprestigiar a los hombres gays. La gaycracia es un fenómeno que ocurre en el terreno laboral en el que se considera que siendo homosexual se tienen más probabilidades de triunfar en determinados sectores.

Con el tiempo estos comentarios no se centran sólo en el campo de la decoración o la moda sino también en la prensa rosa. El imaginario colectivo asocia la homosexualidad a la moda y al corazón. Hablemos de por qué, y de si esto es homofobia.

La realidad es que a día de hoy muchos diseñadores, incluso de ropa de mujer, son hombres. Y aún más, hombres abiertamente homosexuales. Esto es un hecho. Hay quien ve esto como que los hombres gays cuentan con más oportunidades de triunfar en esos campos.

En otras palabras, las mujeres se ven marginadas también en esos sectores. Pero esta vez no es exactamente el heteropatriarcado quien las desplaza, sino los hombres homosexuales. El homopatriarcado o, como se ha llamado últimamente, la gaycracia.

Gaycracia: ¿Un fenómeno o un nuevo término para desprestigiar a los profesionales gays?

La gente con este tipo de pensamiento muchas veces es la misma que habla de los lobbys gays como una mano negra que mueve los hilos para convertir a los niños en homosexuales. Sin embargo, este es un ejemplo que merece la pena analizar.

Si echamos la vista atrás, podemos encontrar varias causas de que la prensa rosa y la moda tengan una fuerte presencia gay. Si queremos ser optimistas podríamos pensar que un hombre abiertamente homosexual puede hacer lo que quiere sin preocuparse de los prejuicios sociales. Que de alguna manera ya está acostumbrado a ser señalado por parecer femenino e incluso criticado.

Precisamente esto le ha hecho inmune a las exigencias sociales e incluso le ha dado fuerza para salirse de la normatividad para simplemente hacer lo que le apetezca. Como consecuencia, a la hora de dedicarse a una profesión asociada a lo femenino, un hombre gay tiene menos tapujos que uno hetero y por lo tanto se arriesga más, siendo finalmente más bueno en su trabajo.

Sin embargo, esto no explica por qué se ha desplazado a la mujer dentro de estos sectores y por qué incluso la ropa femenina está diseñada por hombres gays. El argumento homófobo clásico habla de la sensibilidad de los homosexuales. ¿Es esto real o es un prejuicio derivado del machismo?

Y es que esto puede ser una forma de mostrar otra vez cómo lo gay se puede asociar únicamente a lo femenino. Y tanto la moda como el corazón, por supuesto, es cosa de mujeres (como tal vez para muchos de ellos también lo pueden ser las tareas domésticas). Ahí está el machismo de nuevo.

¿Gaycracia o machismo?

Hay otro motivo, claro. Uno que muchas veces no queremos ver. Y es que la homosexualidad no está “normalizada” e integrada realmente y, nos guste o no, vende (suponiendo en muchos casos un “plus de calidad” en dichos sectores laborales). La orientación sexual forma parte de la marca personal del diseñador o de un periodista/ presentador. Es un producto. Pero… ¿cómo es posible que esto ocurra?

¿Hay motivos para que un vestido diseñado por un hombre homosexual sea mejor que el diseñado por una mujer hetero, lesbiana, o una persona trans? No. Pero hasta hace unos años sí los había para que se potenciase más y, como consecuencia, para que fuese más comprado. Al igual que pasa con la prensa rosa.

¿Al final se trata de una construcción social? ¿Se ha construido socialmente el arquetipo de “hombre gay que tiene más capacidad que las propias mujeres para crear cosas que están destinadas a ellas”? ¿Se trata de machismo? ¿Se trata de discriminación positiva?

Gaycracia, el concepto despectivo de las personas homófobas

En realidad, también es cuestión de marketing. En este contexto se “espectaculariza” la orientación sexual y al final, se acaba convirtiendo en una garantía de calidad. Cómico… ¿Verdad?

Sobre todo en el pasado reciente (años 70, años 80, años 90, década 00’…) la homosexualidad definitivamente era algo extraño y se hacía espectáculo con ello. Esto en términos publicitarios tiene un nombre: Mercancía. Y en cuanto mezclamos eso con el machismo y la homofobia tenemos el cóctel perfecto.

En sectores “eminentemente femeninos” encontramos una discriminación positiva hacia el hombre gay, aunque también debemos recalcar que se trata de raras excepciones. De hecho, si nos salimos de estos sectores podemos observar que en el resto (o la mayoría de ellos) ser homosexual supone un handicap y es motivo de discriminación negativa.

Lo que ocurre es que a muchas personas les ofende que los hombres homosexuales sean especialmente bien valorados dentro de un sector laboral sólo por el hecho de ser gays. ¿Debería preocuparnos también a nosotros? ¿Qué se esconde detrás de esto? ¿Estamos hablando de una forma de discriminación?

Los hombres gays ocupan un lugar privilegiado respecto a la mujer en dichos mundos profesionales. Y puede que no sea justo. Pero tampoco lo es que la homosexualidad sea parte de un espectáculo publicitario. Tampoco que los homosexuales cuenten con más trabas en el entorno laboral y sean más propensos a sufrir mobbing (o bullying laboral) en el resto de sectores.

Quizá si no existiese homofobia o machismo (así como las profesiones “de hombres” y las profesiones “de mujeres”), no existirían estas distinciones en dichos sectores.

Hoy muchos homófobos declaran que “en el mundo del periodismo o la moda hay que ser gay para triunfar”. Sin embargo, podríamos decir lo mismo en profesiones eminentemente “masculinas”.

Entonces deberíamos hablar de “heterocracia” para referirnos también al fenómeno que existe dentro del deporte y especialmente dentro del fútbol. Un mundo, en el que literalmente está prohibido ser homosexual. En el mundo de la conducción, la seguridad o la informática donde ver a hombres gays o mujeres resulta casi un milagro.