Tristemente, hasta 1990, la OMS no desclasificó la homosexualidad como enfermedad mental. Hasta ese momento, la ciencia había intentado encontrar un “remedio” o una “cura” para la homosexualidad. Sí, hubo un tiempo en el que la homofobia era un “valor” social. Hoy la homofobia es una enfermedad.

Hombres y mujeres habían sufrido intentos de cambiar su orientación sexual que prácticamente podrían considerarse tortura, incluido el tratamiento con electroshocks.

En el momento en que se deja de buscar un tratamiento para algo que claramente no es una enfermedad, y que por tanto no puede revertirse, se pasa a considerar otras cuestiones, como por ejemplo ¿de dónde surge la homofobia y por qué está tan extendida en tantas culturas diferentes? ¿Realmente a qué se le está temiendo?

La homofobia es una enfermedad

La homofobia es una fobia y por lo tanto un desorden psicológico.

La homofobia es una enfermedad mental

Las fobias son miedos irracionales hacia algo en concreto. La homofobia concretamente está muy relacionada con determinados rasgos de la personalidad según Emmanuele A. Jannini, profesor de Endocrinología y Sexología Médica en la Universidad de Roma.

Además asegura que si a la conducta homofóbica se le suman conductas violentas, podríamos estar hablando de una enfermedad psiquiátrica.

Según su estudio, que causó mucha controversia sobre todo en círculos conservadores, se determinaba que aquellas personas con un mayor grado de respuestas homofóbicas además contaban con mecanismos de defensa más inmaduros y rasgos psicológicos cercanos al psicoticismo.

Es decir: aquellas personas con una personalidad fuerte, madura y equilibrada, tienen menos respuesta homofóbicas a las situaciones cotidianas y ante la homosexualidad en general.

La religión y el entorno

Según representantes de las religiones moderadas, no se fomenta o defiende la homofobia, sin embargo, la homosexualidad se sigue considerando “pecado”.

La Iglesia católica sostiene que es un dogma que proviene de Dios y no de la Iglesia y por tanto, no puede no considerarse pecado. Se considera que las personas que mantienen relaciones con otras de su mismo sexo cometen un pecado. De hecho, deben ser atendidas a nivel espiritual.

Pero hay voces mucho menos conciliadoras, sino todo lo contrario, que incluso instan a “castigar” a los homosexuales. En muchos países, la homosexualidad es incluso un delito, como lo era hasta no hace mucho en España.

No nacemos homófobos: lo aprendemos desde pequeños

A través de los estereotipos se aprenden conductas de rechazo hacia las personas homosexuales. La educación en casa, en la iglesia o en los centro educativos juegan un papel determinante para que una persona desarrolle un odio irracional hacia personas del colectivo LGTBI.

La educación en valores, la lucha por la visibilidad y la igualdad de derechos es la mejor herramienta. Sólo así las futuras generaciones no se vean afectadas por los prejuicios e ideas retrógradas y discriminatorias de sus antecesores.