Aislados durante semanas, meses o incluso años, la vida sexual de los marineros siempre ha sido todo un misterio. Aunque su figura en la sociedad siempre ha estado asociada a la idea de masculinidad (heterosexualizada claro) por tener que enfrentarse a situaciones límite a diario, la realidad está lejos de ese cliché. Según señala el historiador Víctor Ramírez Tur, las necesidades a bordo hacen que el deseo fluya y se haga más flexible incluso para los heterosexuales más acérrimos.

Y ese es precisamente el tema alrededor del cual gira una exposición titulada El deseo es tan fluido como el mar, que se dará a conocer en el Museu Marítim. “No queremos hacer un discurso naiff”, señala. “En las relaciones eróticas en alta mar se mezclan el placer, las caricias, el secretismo, la violencia y la hostilidad”.

A lo largo de esta obra se analizarán las relaciones a bordo a lo largo de los años, partiendo nada más y nada menos que del siglo XVI.

Aunque no existen imágenes como tal sobre la vida de los marineros, sí que existen documentos, sobre todo actas judiciales que prueban la existencia de relaciones homoeróticas de forma llamativamente persistente. Incluso en el Archivo General de Indias se registran relaciones sexuales no consentidas, donde los superiores y los cargos de mayor autoridad ejercían abusos hacia los grumetes y eran constantes. Sin embargo, entre ellas también hay cabida para aquellas relaciones que sí eran consentidas y también muy placenteras para sus implicados.

Dentro de esta interesante recolección de hechos históricos en alta mar también se encuentra la vida de los piratas. Una comunidad marginal que contaba con jurisprudencia propia entre los siglos XVI y XVII y que consentía (era legal en ella de hecho) el matrimonio entre hombres.

Tuvimos que esperar sin embargo a que se diseñase la imagen del marinero gay hipermasculino, salvaje, atormentado y con una entrepierna súper abultada con la publicación de la novela de Jean Genet, Querelle, que contaba con ilustraciones del artista Jean Cocteau y que prevalecería en el campo del cine con Fassbinder o Tom of Finland en el mundo del arte.

Con el paso del tiempo esa construcción se ha ido haciendo más flexible y relajada en donde el miedo a la pluma ha desaparecido, gracias entre otras cosas a las campañas y productos de Jean Paul Gaultier.

¡Increíble!