Quedó paralizada de cintura para abajo con tan solo 13 años. Desde entonces su trayectoria en el deporte ha sido imparable y ha acumulado varios logros como el oro en el doble sull mixto de brazos en los Juegos Paralímpicos que se celebraron en verano de 2016 en Río de Janeiro. Entonces, sólo tenía 18 años.

Este año no va a ser distinto y volverá a batallar en los Juegos Paralímpicos de Tokio junto al equipo británico. Es la primera vez que va a competir desde que salió del armario el año pasado. Hace poco declaró que le había resultado muy difícil aceptar su sexualidad. De hecho, le costó casi tanto como aceptar su discapacidad. Estas sensaciones de inadaptación se recrudecieron cuando miró a los atletas más conocidos y entre ellos no pudo encontrar ni un solo modelo a seguir que fuese homosexual y discapacitado.

“Una de mis frases favoritas es: ‘No puedes ser aquello que no puedes ver’. En mi caso, durante mi infancia jamás tuve ningún modelo de conducta que fuese discapacitado y gay al mismo tiempo. De hecho, crecí con la percepción de que ser discapacitado significaba que no te quedaba otra, pero si eras lesbiana estabas predestinada a sufrir los peores abusos. Si en aquellos momentos hubiese tenido a mi alcance modelos de conducta (por ejemplo en televisión), habría crecido sintiéndome mucho más tranquila”.

Según ha relatado, fue después de los Juegos Paralímpicos de 2016 celebrados en Río, que cayó en una profunda depresión. Esta fue todavía mucho más intensa por la influencia de los traumas que había estado reprimiendo durante su vida adulta derivados de las continuas lesiones y ataques que sufrió producto de la homofobia.

“Me devoró un profundo pozo. Me sentí una suicidia durante mucho tiempo y entonces recurrí a mi madre. ‘No puedo seguir así, no quiero estar en este mundo’, le dije. Entonces me di cuenta de que aún no había logrado superar el terrible trauma que había sufrido durante mi vida. Yo no era capaz de seguir adelante como hacen el resto de jóvenes. Nunca me había permitido el lujo de decirme a mí misma: ‘Me han pasado cosas horribles’ y hacerlo me costó demasiado”.

Afortunadamente, ha logrado sobreponerse a esa experiencia y se siente muy orgullosa de haber salido del armario y haber iniciado una relación con Jude Hamer, una jugadora de baloncesto en silla de ruedas. En la actualidad se ha convertido en instructora de chicas más jóvenes y recientemente hizo unas declaraciones muy significativas:

“He sufrido mucho por el acoso y el abuso en redes sociales durante mi juventud. Hoy intento hablar de mis vivencias para poder asegurarme de que otros niños no se sientan solos. Si un niño puede escuchar mi experiencia de vida y pensar: ‘No estoy solo’… Sé que eso me habría ayudado mucho a mí en mi infancia. Así que le daré a otros aquello que yo nunca tuve”.