La figura Ernesto Guevara (Che Guevara) es mundialmente reconocida por su papel durante la revolución cubana. Se le atribuye el haber trabajado desde el alzamiento armado hasta en la organización del estado cubano, pasando a formar parte de la administración y del gobierno. Sus ideas han generado tanto alabanzas como rechazo por buen parte de la población mundial, siendo venerado como un luchador contra las injusticias sociales o como todo lo contrario. 

George Orwell escribió que “la historia la escriben los vencedores”. Esta afirmación viene a indicarnos que, en muchas ocasiones, lo que encontramos sobre el papel es la visión de alguien que pertenecía a un bando en concreto. A partir de esta afirmación decía el cineasta Eduardo Mignogna que Si la historia la escriben los que ganan, eso quiere decir que existe otra historia, la verdadera”.

En el artículo de hoy queremos ofrecer otra visión diferente, una apenas reflejada pero que cuenta con testimonios y documentos sobre el revolucionario. Según narran varias fuentes cercanas al guerrillero, este hombre no dejó de ser un asesino con unas ideas retrógradas y racistas que hicieron muchísimo daño a la comunidad LGTB+ y a otros colectivos vulnerables. 

Ideas homófobas

Durante su existencia, el Che vendió el ideal del “hombre nuevo” que debía alzarse sobre el resto tras finalizar la revolución. Este individuo debía alejarse totalmente de lo que él consideraba “pervertidos sexuales” haciendo referencia a homosexuales. El periodista Carlos Alberto Montaner escribía que, para el Che, el nuevo hombre se caracterizaba por ser “vigoroso, gallardo, trabajador, patriota, desinteresado, heterosexual, monógamo y austero”.

En la obra “El hombre y el socialismo en Cuba” dictaba que el hombre nuevo estaba formado para tener valores anticapitalistas, cooperativos y desinteresados y que cualquiera que actuase contra esto era contrarrevolucionario. Al unir sus ideas junto a las del confirmado homófobo Fidel Castro, juntos iniciaron una persecución contra la comunidad con el objetivo de encerrarlos en campos de trabajo similares a los de concentración

 Juntos los designaron como una decadencia burguesa tal y como Castro explicó en una entrevista. En este encuentro se refirió a este colectivo con las siguientes palabrasuna desviación de esa naturaleza choca con el concepto que tenemos de lo que un militante comunista debe ser”. 

Escritores como José Martí –“héroe” de la independencia cubana- definieron a los homosexuales como “personas afeminadas incapaces de construir una nación” así como “inservibles”. Esto, unido a la ideología comunista china y a las políticas de natalidad de La Habana, provocaron que los gays fuesen perseguidos y valorados como pervertidos y dementes a los que se debía “curar”.

Los cubanos vendieron la imagen de los salvadores de su país como hombres barbudos, heterosexuales y fuertes, siendo todos los demás incapaces de luchar por su patria y por la revolución. 

La realidad sobre las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP)

En 1960, Che Guevara estableció junto a otros soldados el primer campo de trabajo forzado cubano situado en Guanahacabíbes. A este le siguieron muchos otros y en todos ellos estableció el lema “El trabajo los hará hombres” con el fin de corregir el comportamiento de personas homosexuales, de testigos de jehová o de sacerdotes afrocubanos. ¿No os suena parecido al lema nazi “el trabajo libera”?

Estos campos de “trabajo” no fueron más que centros donde las personas fueron torturadas, violadas o asesinadas por pensar y sentir de un modo diferente. Lejos quedaba la idea de liberar a las personas de la tiranía cuando sus métodos se asemejaban a los que se utilizaban en los campos de concentración. Para ellos “la homosexualidad debía superarse para cumplirse con los objetivos que marcaba el sistema”

En el futuro, Castro reconocería en una entrevista realizada por el periódico La Jornada que discriminaron al colectivo LGTB. Los UMAP (Unidades Militares de Ayuda a la Producción) que en un día se crearon con la finalidad de encerrar a elementos disidentes del régimen se llenaron de personas homosexuales, intelectuales que no estaban de acuerdo con la ideología o con personas pertenecientes religiones afrocubanas

¿Cuál fue el resultado del uso de estos campos? Que más de 70 personas fuesen ejecutadas y torturadas, 180 se suicidaran y más de 500 personas acabaran en el psiquiátrico por los traumas vividos. Autoras como Carlina de la Torre perdieron a familiares por culpa de estos campos que pretendían controlar y “corregir” los comportamientos indeseados por el régimen.

Personas que vivieron la experiencia desde dentro como Héctor Santiago, dramaturgo homosexual, narraron que incluso les quitaron la comida y el agua a los homosexuales mientras le enseñaban fotos de hombres. Los sometieron a experimentos de condicionamiento y a descargas eléctricas, para luego ofrecerles víveres junto a fotografías de mujeres desnudas, como parte de la transformación. 

Che Guevara, un asesino en serie

Ernesto Guevara no fue únicamente un homófobo, sino que también disfrutaba haciendo daño a otros seres humanos. En el artículo “Mi primo, el Che” escrito por Alberto Benegas se recoge que el revolucionario disfrutaba matando animales y que acababa con la vida de otros únicamente por tener sospechas, sin necesidad de pruebas. Él mismo ofreció unas palabras estremecedoras, totalmente contrarias a la imagen que nos venden hoy día: 

“Para enviar hombres al pelotón de fusilamiento no es necesaria la prueba judicial. Ese procedimiento es un detalle burgués arcaico. ¡Esta es una revolución! Y un revolucionario debe ser una fría máquina de matar motivado por odio puro.

El cubano se ganó el apodo de “El carnicero de la Cabaña” según refleja el artículo de Payton Alexander en The Libertarian. También él mismo dedicó una carta a su padre en la que le confesaba que realmente disfrutaba matando a otros individuos. Asimismo reconoció que todos los fusilamientos que se realizaban eran por “órdenes suyas”. 

El racismo y la misoginia del revolucionario

Che Guevara fue un hombre que consiguió aunar en sí mismo todas las características que hacen a una persona despreciable. Su ideología racista provocó que escribiese sobre “la superioridad de los europeos blancos sobre la gente de descendencia africana”. Asimismo en su diario de viaje recogía el siguiente texto: 

Los negros, esos magníficos ejemplares de la raza africana que han mantenido su pureza racial gracias al poco apego que le tienen al baño, han visto invadidos sus reales por un nuevo ejemplar de esclavo: el portugués. (…) el negro indolente y soñador, se gasta sus pesitos en cualquier frivolidad o en ‘pegar unos palos’ (emborracharse), el europeo tiene una tradición de trabajo y de ahorro que lo persigue hasta este rincón de América y lo impulsa a progresar, aun independientemente de sus propias aspiraciones individuales.

Tampoco mostró respeto alguno por las mujeres de las que abusaba cada vez que lo consideraba oportuno. No obstante, la leyenda que se creó a su alrededor fue tal que estos actos atroces que cometió fueron ocultados por quienes llegaron a adorarlo como a una leyenda. Solo el tiempo y las confesiones de personas que realmente vivieron bajo esa experiencia o su alrededor han permitido conocer la otra cara de este asesino.

Cincuenta años después de su muerte, todavía muchas personas no han abierto los ojos en lo que respecta a esta figura. Nuestro objetivo era desmitificar a este asesino homófobo, misógino y racista que causó la muerte de muchísimas personas por entretenimiento y placer. Invitamos desde aquí a todos sus adeptos a que busquen y se informen sobre esa historia que no interesa vender, pero que ocurrió. Por favor, no volváis a llevar su camiseta el día del orgullo. O mejor dicho, no volváis a llevarla nunca.