Desde que el COVID19 fue avanzado por todo el mundo a pasos agigantados miles de vidas se han visto afectadas. No sólo a nivel físico o fisiológico, sino también a nivel psicológico. Los jóvenes LGTB se ha convertido en uno de los sectores más dañados por el confinamiento obligado. ¿Sabías que una gran cantidad de ellos se han visto obligados a regresar con sus familias homófobas?

Sam, un joven bailarín escucha a su madre rezar todos los días para que ‘se cure de su homosexualidad’

Con sólo 23 años de edad y una vida especialmente centrada, Sam vio cómo su vida se venía abajo con la llegada del COVID19. Se encontraba en mitad de una gira por Reino unido cuando de repente el estado de alarma le obligó a regresar a la casa de su estricta familia católica.

‘De la noche a la mañana he podido ver cómo se esfumaba la carrera que amo. Hoy estoy atrapado en el aislamiento más cruel entre homófobos‘. A pesar de que él mismo se vio obligado a tomar la decisión de volver, cada día lucha duramente para poder ser él mismo.

‘Mi madre me dice que la homosexualidad es una enfermedad maligna. Que el diablo me esta haciendo gay. Ora en voz alta todos los días para que abandone el pecado y encuentre una esposa. No tengo otro lugar a donde pueda acudir en esta pandemia, así que sólo tengo una salida: Soportar el abuso’.

Sam logró escapar del hogar familiar cuando entró en la universidad, pensando que jamás tendría que vivir semejante infierno: ‘Ellos no se tomaron bien que yo sea gay y con el tiempo las cosas no han cambiado’.

En estos momentos no sólo se ve maltratado por su familia, sino también abandonado por la comunidad LGTB, pues parece que se ha olvidado de personas como él. ‘Miro las redes sociales y veo que todo el mundo está súper ocupado grabando entrenamientos en casa o celebrando fiestas online. No se dan cuenta de que hay muchas personas en mi situación que luchan para mantenerse con vida en este momento. Y no es precisamente por el COVID19, sino por su orientación sexual‘.

Nicky tiene 19 años y sus padres no le permiten comer de la comida que ellos compran porque es gay

En enero un amigo de su familia descubrió que era gay y desde entonces todo cambió. Su madre y la pareja de su madre le expulsaron de forma automática de casa. Dejaron desde un principio bien claro que no apoyaban «su estilo de vida». Sólo le permitieron regresar cuando manifestó problemas de salud relacionados con la depresión.

‘Vivir con mi familia homófoba es como tener un compañero de piso con el que no te llevas bien. No les hablo, simplemente trato de seguir con mi vida’.

Antes, debido a su horario de trabajo, se levantaba temprano y regresaba tarde a casa así evitaba encontrarse con su familia. ‘Solía pasar el máximo tiempo fuera de casa. Con el confinamiento todo ha cambiado. No me lo puedo creer. No se me permite comer de la comida que mi madre y su pareja compran. Además, la pareja de mi madre me insulta como si no estuviese yo delante. Dice a diario que soy asqueroso y que no quiere que le contagie mi enfermedad‘.

Nicky había pensado marcharse este mes de abril. Sin embargo, ha perdido el trabajo por lo que no sabe qué será de él. ‘La situación en casa es límite. No puedo darme el lujo de mudarme a otro lugar. Estoy gastando los pocos ahorros que tenía para poder sobrevivir. Tengo que esperar a que el virus pase antes de poder intentarlo de nuevo’.

Las peticiones de auxilio entre los jóvenes LGTB se han disparado

Lucy Bowyer es directora de servicios de akt. Una asociación que se fundó con el objetivo de dar asilo a jóvenes LGTB sin hogar. En la actualidad ayuda a entre 120 y 130 personas.

Según declara, durante las últimas semanas se han disparado las peticiones de auxilio por parte de jóvenes entre 16 y 17 años de edad. ‘Hemos recibido un volumen especialmente alto de jóvenes. Nuestro equipo está tratando de adaptarse a la situación para ofrecer servicios de coach a distancia, chats o plataformas en línea para poder estar cuando los jóvenes nos necesitan’.

Además, la asociación está proporcionando techos seguros dentro de hogares altruistas al tiempo que brindan acceso a alimentos, servicios teléfonicos y aquellos de primera necesidad.

El director ejecutivo de la fundación afirma que hoy muchos jóvenes literalmente no tienen a dónde ir: ‘Hago un llamamiento para que se comuniquen con nosotros. Contamos también con un servicio de atención telefónica para ayudar a los más vulnerables que necesitan ayuda en sus momentos más difíciles.’