Tu relación va bien. Tu chico y tú lleváis bastante tiempo viviendo en pareja y cada vez existe mayor confianza entre vosotros. Habéis establecido una vida en pareja súper estable y tranquila. Todo iría genial si no fuese por… el sexo.

Lo que antes era la mejor parte de la relación se ha convertido en algo agobiante y a veces incluso innecesario. Tu chico siempre quiere tener sexo o al menos eso es lo que tú percibes… Esto te genera estrés porque ya lo has rechazado varias veces y sabes que eso le duele.

No dejas de preguntarte «¿¡Pero qué me pasa?! ¿Por qué ya no le deseo tanto? ¿Por qué me da pereza tener sexo con mi chico?»

Existen dos posibilidades. La primera de ellas es que tu chico haya desarrollado una obsesión aguda por el sexo y sea realmente insaciable por cualquier ser viviente. En este caso será necesario que se ponga en manos de un especialista ya que la adicción al sexo es un problema de origen psicológico. La segunda es que en el fondo sabes que tu chico no pide tanto sexo, sino que en realidad eres tú el que cada vez tiene menos ganas de practicarlo…

En este segundo supuesto… ¿Qué puedes hacer? Hoy repasaremos las opciones que tienes a tu alcance para solucionar este problema (más habitual de lo que podrías creer).

Michele Weiner-Davis es una experta en sexología que abordó este tema. Para echar una mano a las personas que se veían superadas por esta situación diseñó una serie de consejos súper útiles.

El sexo debe ser una prioridad

Generalmente, cuando nos vemos en la tesitura de que no podemos mantener el ritmo sexual de nuestro novio, tendemos a ocultar el problema. Sin embargo, es muy importante que aprendamos a verlo y afrontarlo para poder superarlo. El primer paso es darle la importancia que se merece.

En palabras de Weiner, «debes dejar de creer que tu relación es buena. Si el sexo no es bueno, la relación tampoco lo es«. Y es que, en las relaciones de pareja el sexo es un reflejo del resto de ámbitos de la vida en pareja. Si las cosas no marchan como deberían en la intimidad es un síntoma de que la relación no se está desarrollando con normalidad y de que hay problemas en la misma.

Esto significa que, si tu novio tiene más ganas de sexo de las que tú tienes, lo último que deberías hacer es evitar el contacto con él.

Descarta problemas de salud

Lo más probable es que esa falta de apetito sexual no tenga nada que ver con tu estado de salud y no se deba a un problema en tu organismo. Sin embargo, existe esa posibilidad también. Por ejemplo, el estrés tiene mucho que decir al respecto.

Si en la actualidad estás viviendo una situación laboral estresante (por ejemplo), no lo pases por alto. Los episodios de estrés generan problemas de disfunción eréctil.

Quítate esta posibilidad de encima cuanto antes. Un chequeo médico nunca está de más y seguro que te ayuda reducir el espectro de posibilidades.

Desarrolla la empatía por tu pareja

Lo más probable es que tengas razones de peso para no mantener relaciones sexuales con tu novio con tanta frecuencia. No debes sentirte culpable por actuar en base a lo que sientes y de forma honesta. Sin embargo, sí que debes tener un poco de empatía.

Es importante que comprendas que tu chico puede experimentar emociones negativas ante esta situación. No sólo se sentirá insatisfecho sino que además es normal que se sienta incomprendido, dolido y rechazado. Aprende a ponerte en su piel y no olvides cómo puede sentirse a la hora de relacionarte con él.

Si puedes evitar que se sienta así de alguna manera hazlo.

Más allá del primer paso

La pereza puede ser una barrera infranqueable. De igual modo que ocurre en el sexo, ocurre a otros niveles. ¿Alguna vez has sentido una gran pereza a la hroa de salir a hacer footing?

Cuando has logrado superar esa barrera y dar el primer paso te has visto disfrutando de una tarde de deporte y eso te ha hecho repetir al día siguiente. Contra todo pronóstico la pereza desapareció al poco tiempo de comenzar a correr y eso te motivó a continuar con mucha más motivación.

En este caso podría ocurrir algo similar. Lo difícil es dar un primer paso, sin embargo cuando ya estás practicando sexo te descubres disfrutando y ya no recuerdas esa sensación de pereza. Al final de lo que estamos hablando es del componente psicológico. A veces es más importante «tener ganas de tener ganas» que tener ganas a secas.

¿Qué había antes que ya no hay?

Seguro que antes de iniciar tu relación (o incluso dentro de ella) has experimentado momentos de una excitación sexual descontrolada. Recuerda ese momento y compáralo con el momento presente. ¿Qué había entonces que no hay ahora? Trata de responder esta pregunta. A veces un simple recuerdo puede ayudarnos a descubrir la verdadera razón.

Puede que tu sexualidad o aquello que te excite sea algo diferente a lo que resulta estimulante para el resto. Reflexiona acerca de ello. Puede que, por ejemplo, disfrutes practicando relaciones menos convencionales (como por ejemplo BDSM) ¿por qué no?

Si este es el caso deberías practicar el tipo de sexo que realmente te llena y podrás partir de una causa sobre la que trabajar con tu pareja. Reflexiona sobre esto y poténcialo. Notarás la diferencia.

¡La novedad puede ser vuestro salvavidas!

Ocurre en todas las relaciones sexuales. De hecho es algo totalmente natural. Al inicio son muy intensas y placenteras. Sin embargo, a medida que pasa el tiempo comienzan a tornarse más repetitivas y la emoción acaba empañándose por la rutina. ¿Puede ser la rutina el verdadero mal de vuestra relación?

En ese caso, no debes preocuparte. Es un mal del que adolece la mayor parte de relaciones. Para ello no tenéis más que abrir la mente y explorar nuevas formas de sexo. Esto nos ayudará a revitalizar nuestra sexualidad y nuestras relaciones. ¡Es hora de encontrar nuevos placeres y redescubrir tu sexualidad!

Habla, habla y habla

¿Cuáles son tus preferencias? ¿Qué te encantaría hacer en el sexo? ¿Cuáles son las prácticas que te desagradan y que no harás bajo ningún concepto? Habla. Exprésalo. De esta forma no sólo le facilitarás las cosas a tu chico para que pueda darte placer en la cama. De este modo también mejorarás la comunicación y la intimidad en pareja, algo que sin duda repercutirá en una mayor confianza y salud de pareja.

Implícate en tu relación

El sexo es importante sí. Sin embargo es una faceta más. En el sexo se refleja todo lo demás. Si las cosas no funcionan bien en la intimidad con vuestra pareja puede que esto sea una señal de otros problemas. Quizá hay bloqueos ocultos (sentimientos, rencores, inseguridades…) que han oxidado vuestros encuentros.

Por esto es tan importante que te comuniques con tu hombre. Sé cariñoso con él y sincero. Haz un esfuerzo por mejorar la relación si es que de verdad quieres hacerlo. En el momento en que vuestra relación mejore. El sexo en pareja también lo hará.

La sexología puede ayudarte

En ocasiones el propio agobio que nos genera una situación nos impide ver una solución o encontrarla por nosotros mismos. Por un lado sentimos miedo a perder a nuestra pareja o de hacerle daño. Por otro lado no terminamos de entender qué nos ocurre. La tensión que esto puede generar en el día a día de la relación puede que bloquee aún más nuestra capacidad analítica sobre el tema.

Es conveniente que accedamos a un profesional especializado si tenemos la posibilidad de hacerlo. Ten en cuenta que el mundo del sexo en pareja resulta especialmente complejo y en él confluyen una serie de factores como la autoestima, la sensibilidad o el orgullo propio.

Contar con una visión externa que provenga de una persona especializada en este tipo de problemas nos aliviará y nos ayudará a acercarnos a la solución.