La homofobia puede ser tan sutil y perversa como para ser prácticamente invisible. El maltrato y el abuso familiar que se basa en la discriminación por razones de orientación sexual puede llevarse a cabo de tal forma que nadie más allá de la víctima pueda percibirlo. A menudo los verdugos se disfrazan incluso de defensores del colectivo LGBT y lo hacen con la intención de aislar a la víctima.

Si un homófobo se vende como defensor de los derechos gays su víctima jamás podrá probar que esta siendo acosada y castigada de forma sistemática sólo por ser homosexual. Como consecuencia, acaba aislándose porque no tiene forma de demostrar que está siendo objeto de maltrato. Este tipo de comportamientos se dan de forma común dentro de las familias.

Padres que no pueden consentir que sus hijos gays sean más exitosos en el trabajo que sus hijos heterosexuales. Que no pueden consentir que vivan una vida fuera de la heteronormatividad y entonces comienzan a maltratar psicológicamente. El chantaje, la culpa, la humillación subliminal o el menosprecio sistemáticos son algunas de sus formas de violencia. Estos padres tóxicos pueden destruir las vidas de sus hijos porque les despiertan sentimientos de inferioridad de forma muy sutil. Poco a poco y de forma casi imperceptible van haciéndoles creer que no valen. Que no son normales. Que son inferiores.

Hace algunas semanas hablamos con una víctima de maltrato homófobo silencioso. Un joven de apenas 22 años que se ve obligado a vivir en un pueblo homófobo y sometido diariamente a ataques psicológicos por parte de sus familiares.

‘Desde que descubrió que era gay empezó a maltratarme psicológicamente de una forma muy sutil. Empezó a menospreciar mis logros y a destacar los de mi hermano (que no es gay). Su homofobia es difícil de probar porque al mismo tiempo dice que no tiene ningún problema con mi homosexualidad, pero a la vez me hace daño de una forma que solo yo puedo captar. Me hace sentir poca cosa, me ridiculiza sutilmente, incluso llegó a decir que yo envidiaba a mi hermano porque yo nunca podré tener hijos. Lo cual es ridículo porque yo jamás he deseado formar una familia.

Me ha amenazado con dejarme sin herencia si no hago lo que él quiere (como por ejemplo continuar viviendo en un pueblo homófobo donde incluso me han amenazado de muerte por ser gay), me amenaza y me roba dinero para que no pueda independizarme o siquiera salir con amigos. Pero todo esto lo hace de una forma muy sutil porque al mismo tiempo se disfraza de tolerante y de buen padre. Ha habido momentos en los que he llegado a plantearme el suicidio y en los que he estado sin salir de casa durante meses. Pero no se detiene. Cada día, sin importar cómo me encuentre, me hace sentir mal y parece que se alimenta de mi sufrimiento.”

Padres tóxicos y homofobia silenciosa

El maltrato psicológico es muy difícil de probar. Esto hace que las personas que se encuentran en el entorno de la víctima ni siquiera vean lo que está ocurriendo, aunque el maltrato se de delante de ellos. En otros casos se convierten en cómplices de forma consciente o inconsciente. La situación se hace especialmente grave cuando se da en entornos aislados y predominantemente homófobos. Una persona LGBT que vive en una ciudad tiene mayores probabilidades de encontrar apoyos fuera de casa. Pero, ¿Qué pasa cuando un gay nace y vive en un pueblo donde convive con familiares homófobos? ¿A quién puede recurrir cuando no tiene a nadie que le entienda?

Muchas veces, las víctimas tienden a creer incluso que ellos tienen la culpa. Poco a poco van asumiendo que son inferiores y que merecen lo que les ocurre.

Esta víctima ha identificado el problema y ha detectado incluso los comportamientos en que esa violencia se manifiesta. Pero, ¿Qué debería hacer?

Los padres tóxicos se caracterizan por ser egocéntricos, narcisistas, autoritarios, dependientes, con carencias afectivas, frustraciones o infelicidad. A menudo tratan de llenar sus deficiencias manipulando a sus hijos. La culpa, la violencia, el miedo, el aislamiento o la comparación son mecanismos que logran generar la respuesta que buscan: Obediencia.

Cuando esto se mezcla con la homofobia el resultado puede ser desastroso Además de todos los ingredientes anteriores se agrega el añadido de los prejuicios, las creencias religiosas y el machismo.

Pero, ¿Cómo podemos enfrentarnos a este tipo de problemas?

Cómo lidiar con unos padres tóxicos y homófobos

Una de las principales consecuencias de este maltrato camuflado es la pérdida de autoestima y el desarrollo de debilidades emocionales. Para poder abandonar este ciclo destructivo es importante desarrollar algunos mecanismos de respuesta que permitan recuperar la autoestima. Por ello, el primer paso es respetarse a uno mismo.

Respétate a ti mismo

Identifica tus necesidades, tus problemas y limitaciones y ponte manos a la obra. Puedes empezar simplemente cuestionándote las cosas. ¿Por qué se produce esa situación? ¿Qué puedes hacer al respecto? ¿Cómo puedes salir fortalecido de algo así? ¿Qué formas tienes a tu alcance para recuperar tu autoestima?

Una buena forma de hacerlo es contar lo que te ocurre. Desahógate y comparte tu caso con alguien que pueda comprenderte. Busca ayuda psicológica (preferentemente con un psicólogo LGBT o especializado en homofobia y discriminación por orientación sexual). Compartir tu testimonio te ayudará a reconocer que no estás solo. Que hay muchas personas que te entienden. Que no estás loco y que alguien más puede ver lo mismo que tú. La homofobia silenciosa existe y precisamente tiene poder porque no hay forma de demostrarla lo cual hace que sea muy difícil tratar y detener.

Pon límites

  • No permitas ningún tipo de abuso. Ya sea físico, verbal o emocional.
  • Identifica tu propia visión de las cosas: A menudo las víctimas de padres tóxicos pueden ver como su forma de percibir el mundo se ve deformada. Muchas de ellas ven el mundo a través de los ojos de sus padres y desarrollan una gran dependencia emocional. En este contexto surge la homofobia interiorizada y el odio hacia uno mismo. Hacer el ejercicio de redescubrir nuestro propio criterio y desarrollar una visión propia e independiente de la de nuestros padres resultará fundamental para abandonar el papel de víctima. De hecho, este es el primer paso para alcanzar el empoderamiento: identificar tu propia independencia y tu capacidad para desarrollar tu propia vida bajo tus propias convicciones.

Aléjate, rompe el contacto con ellos

Sé que puede ser una decisión dura y difícil de llevar a cabo. Sin embargo, en situaciones especialmente graves donde el contacto con ellos destruye tu autoestima o incluso te lleva a tener pensamientos autolíticos será la mejor opción.

Si te encuentras en una situación especialmente dura y difícil de cambiar, abandona el hogar, no acudas a encuentros familiares, evita el contacto. Quizá esto les haga abrir los ojos, o quizá no, pero te habrás liberado y tu libertad y dignidad deben ser innegociables. Comienza tu vida. Date la oportunidad de empezar de nuevo.