A veces la realidad es tan sórdida que no existen historias dentro de la ficción que puedan ni siquiera igualarla. Se trata de una realidad donde los más inocentes pagan los traumas y errores de otros. Los niños se ven sin escapatoria pues son sus propios padres los que deciden emprender una serie de castigos y abusos al detectar que los pequeños presentan comportamiendos «demasiado femeninos» o que ellos califican como de «inapropiados». Esta realidad muchas veces se hace visible, pero son más los casos que permanecen ocultos para siempre porque a menudo son los propios niños los que acaban con su vida o directamente jamás tienen la valentía para recordar y mucho menos contar lo que experimentaron durante su infancia.

La historia de Daniel Dowling sí ha salido a la palestra hace relativamente poco y resulta especialmente cruel y desgarradora. Su padre, Richard Dowling estaba casado con Annette Breakspear pero ésta no era la madre biológica de Daniel, a pesar de que se comporta como tal. Lo que parece una familia normal esconde un verdadero infierno entre las cuatro paredes del hogar.

Hoy Daniel Dowling cuenta con 36 años de edad y ha pensado que resultaría útil hacer pública su historia y buscar alguna condena que pueda poner algo de justicia y cordura en su biografía.

Su infierno comenzó cuando tenía 11 años de edad. Su padre era una persona dura. Su obsesión por la sexualidad le llevó a analizar la personalidad de su hijo y ya desde que él era pequeño empezó a temer que fuese homosexual. Esto para él suponía una noticia terrible así que decidió poner una solución. ¿Adivinas cuál fue? Este «señor» decidió imponerle prácticas sexuales con su madrastra cuando sólo era un niño. Todo empezó con un terrorífico juego de mesa en el que a medida que iban perdiendo puntos tenían que quitarse la ropa hasta quedarse desnudos.

Cuando su madrastra estaba sin ropa su padre obligaba al pequeño a tocarle los pechos y a darle besos mientras miraban películas de contenido pornográfico. Al final siempre acababa igual: Su mujer acababa violando al pequeño. Este terrorífico y descorazonador abuso se mantuvo durante cinco largos años. A pesar de que en un comienzo sólo participaba la madrastra, al poco tiempo se unió el padre… que fue imponiendo su participación en lo que eran tortuosos «tríos».

No nos podemos siquiera imaginar el terror que pudo haber sentido el pequeño, ni tampoco las desagradables sensaciones que pudo haber experimentado. Cuando pudo reunir una edad un poco más adulta (al cumplir los 16 años) las violaciones acabaron cesando pero porque su padre acabó separándose de su mujer. Sin embargo, Daniel continuaba en manos de un pedófilo que continuó abusando de él durante su infancia y adolescencia.

Hacia el año 2015 Daniel tomó la decisión de acudir a las autoridades con una prueba. Había logrado grabar la voz de su propio padre confesando los abusos que había cometido. Daniel consiguió llevarlo a juicio donde Richard argumentó que todo lo hizo al percibir que su hijo tenía «ademanes gays» y que sólo quería llevarlo por el «buen camino».

«Su trabajo supuestamente era protegerme. Él y mi madrastra sólo lograron robarme mi inocencia y corrompieron mi infancia. Jamás podré superar este trauma, me sexualizaron a una edad demasiado temprana por lo que el sexo ya no significa nada para mí», agregó el joven en el juicio.

¿El resultado? Annette Breakspear fue condenada a 8 años de cárcel mientras que Richard a 5 años de prisión. Nos parece una pena realmente minúscula para el enorme daño que han causado en el corazón y la mente de un niño para siempre. Realmente… No tenemos palabras.