Seguro que has oído hablar mil veces del Popper. Puede que incluso hayas llegado a probarlo en alguna ocasión. Empezó a extenderse entre la comunidad homosexual de Estados Unidos en los años 60. Desde entonces siempre se ha relacionado esta droga con el colectivo LGTB. 

El principal componente del Popper es el nitrato de amilo, un vasodilatador descubierto en 1852. Lo cierto es que en un inicio se utilizó como medicina para el tratamiento de la angina de pecho. Su uso médico se minimizó enseguida y hoy en día está restringido a tratamientos de emergencia para los ataques de angina. También puede utilizarse como antídoto en casos de envenenamiento por cianuro. 

Sin embargo, el peligro del Popper es su uso como droga recreativa. Y es que sus principales efectos lo convierten en un estimulante sexual: produce una sensación de euforia, aumenta la libido, favorece la erección, relaja los esfínteres

Se comercializa como un líquido sin olor ni color, para usar en formato de inhalador. Ni su venta ni su consumo son ilegales y es un producto que se puede encontrar fácilmente en internet. Incluso se vende en Amazon.

Su efecto es breve e instantáneo y no se detecta en los controles antidrogas, ni en las analíticas de orina. Por todo esto parece que su consumo es inocuo y durante mucho tiempo se consideró una droga blanda. Pero la realidad es que el Popper es más peligroso de lo que se creía.

Para empezar, los efectos duran muy poco y tras ellos enseguida llega sensación de agotamiento. Además, crea tolerancia con facilidad. Ambas cosas llevan a aumentar las dosis más allá de lo recomendable. El Ministerio de Sanidad de España lo considera un producto con alto riesgo de intoxicación por sobredosis.

Entre los efectos secundarios que tienen el abuso y el consumo prolongado de esta droga encontramos: enrojecimiento de cara y cuello, náuseas, dolor de cabeza, delirios, dificultades en la respiración, vértigos, hipotensión, aumento de la agresividad, disminución del ritmo cardíaco, taquicardias, pérdida de conocimiento, distorsiones perceptivas, lenguaje incoherente y depresión severa del sistema nervioso central. En altas dosis también puede provocar pérdida de visión.

La Fundación de Ayuda contra la Drogadicción advierte que el Popper no debe ser utilizado bajo ningún concepto en los siguientes casos: personas con problemas de glaucoma, anemia, alteraciones cardíacas o alta presión sanguínea. Además es un producto muy inflamable. Finalmente, la ingestión del Popper puede llegar a ser mortal por hipoxia (falta de oxígeno en la sangre).