El movimiento LGTB ha dado lugar a un movimiento cultural sin precedentes en la historia de la humanidad. Este movimiento en realidad, es algo mucho más que uno que aboga por la igualdad, la paz, el respeto. Además, la cultura gay tiene un componente crítico social muy importante y que de hecho es el eje central de que se produzca el desarrollo humano y social que tanto necesitamos.

Desde el pasado la homofobia se ha cubierto de machismo. De hecho, es el machismo (y el rechazo sistemático así como la devaluación de lo femenino) el principal arma arrojadiza con el que la sociedad ha maltratado a la comunidad LGTB.

En el caso de los hombres homosexuales, siempre se ha recurrido a una constante: Asociarlos con lo femenino y la mujer como si dicha asociación fuese un insulto. Como si el hecho de compartir ciertas características con ellas les convirtiese en peores personas o en “ciudadanos de segunda categoría”.

En este sentido, el colectivo LGTB y el feminismo han trabajado de forma unísona. Ahí está la clave de que muchos gays hablen en femenino. Y es que la pluma, está pasando de ser una vergüenza, un defecto o una razón para ser discriminado, a un rasgo social mucho más orgánico.

Hoy el colectivo gay ha adquirido (en determinados círculos) el hábito de utilizar el género femenino para hablar de hombres. Los hombres gays se refieren a sus amigos en femenino e incluso a ellos mismos. Pero, ¿esto realmente cómo se traduce?

Esto no quiere decir que los hombres gays que hablan en femenino quieran ser mujeres. Si quisiesen ser mujeres, no estaríamos hablando de gays, sino de personas que han nacido hombres biológicamente pero que en realidad son mujeres transexuales. Pero, no estamos hablando de esto.

No hablamos de mujeres transexuales que hablan en femenino: Hablamos de hombres gays que hablan en femenino. Como podrás intuir esta herramienta y esta “construcción” social se ha convertido en un arma de crítica. Una forma de visibilizar lo limitado que se queda el sistema binario de hombre-mujer pues dentro de él no se logra significar la realidad social. Y es que no sólo existen hombres heterosexuales y mujeres heterosexuales.

En un punto intermedio se encuentran hombres gays que efectivamente son hombres pero que no se sienten identificados con el ideal de “hombre heterosexual construido a base de masculinidad tóxica”. Estamos hablando de hombres que se encuentran en un punto intermedio entre el universo clásico masculino y el universo clásico femenino.

Cuando un hombre gay habla de sí mismo en femenino no revela que quiera ser una mujer. Lo que está dejando patente es que el lenguaje clásico es insuficiente y el sistema social tradicional también.

Estamos hablando pues de un hombre distinto al que siempre nos vendieron: Un hombre que no se identifica con el hombre masculino clásico que ni le entiende ni le acoge.

Existen muchos ejemplos que demuestran que un hombre gay definitivamente es algo diferente a un hombre heterosexual, por mucho que ambos sean hombres. Hay diferentes comportamientos y elementos que demuestran que el hombre gay está directamente fuera del universo masculino heterosexual.

Por ejemplo, cuando dos gays se ven, su forma de saludarse a menudo es darse dos besos y abrazos. Se trata de muestras de amor en público que los hombres heterosexuales ni comparten, ni entienden. Cosas de este tipo demuestran que los hombres gays en realidad no caben en ese género tan estricto, cerrado y frío.

Utilizar el femenino a la hora de hablar se traduce en “No me siento representado por una masculinidad tan sumamente restrictiva”. De alguna manera supone una herramienta de liberación, definición y reivindicación.

Doble lectura: Lenguaje femenino pero sólo en determinados ámbitos

Es importante recalcar que si bien los hombres gays tienden a utilizar el femenino para relacionarse entre ellos a nivel social, no ocurre lo mismo a nivel sexual.

De hecho, si ves a dos amigos gays encontrándose en un centro comercial verás que recurren a construcciones más femeninas (incluyendo el lenguaje en femenino para definirse entre ellos mismos). Sin embargo, si vemos a esos dos amigos gays dentro de una sauna y “ligando” veremos como a menudo tienden a virar hacia una conducta mucho más masculina.

Y es que dentro del terreno sexual, un buen ejemplo de ello es Grindr, sigue triunfando el hombre eminentemente masculino. Nos encontramos entonces con otra dimensión del hombre gay donde él mismo se convierte en el impulsor y estandarización de la plumofobia y el castigo sistemático de los femenino en el terreno sexual.

En este nivel, se hace muy importante recordar que la pluma como tal, sigue siendo una herramienta fantástica de reivindicación. Se trata de hecho de una herramienta que trabaja a distintos niveles.

Por un lado, revela que existe otro perfil de hombre que es muy distinto al que siempre nos han vendido, pero que de hecho sigue siendo un hombre. Por otro lado, nos recuerda que lo femenino no lo convierte en un “hombre de segunda categoría”. Podemos encontrar una enorme evolución en lo que concierne a derechos sociales entre la comunidad gay precisamente porque en el pasado, cuando todos trataban de ocultar su homosexualidad, había hombres que no podían.

Y no podían por su pluma, su personalidad femenina que traían de forma totalmente natural. Eran ellos entonces los que se veían en la complicada situación de “o lucho para ser respetado o me acabarán matando”. Y ahí realmente está el origen del movimiento gay: En la pluma.

Sin embargo, por otra parte, el hombre femenino (y aquellos que utilizan herramientas como el lenguaje femenino), también ayuda a tender una mano a sus compañeras, las mujeres. Con su propia voz y su propia personalidad se unen automáticamente bajo la misma consigna: “No soy inferior por tener energía femenina”, “no pasarás por encima de mí sólo porque sea femenino”, “adoro lo femenino, lo reivindico y tiene tanto valor y utilidad como lo masculino”.

Y esta unión resulta sin duda realmente bella al tiempo que necesaria, pues tenemos un enemigo común: El fascismo, el machismo y la homofobia son un enemigo muy fuerte que debemos destruir cooperando. Es importante resaltar la feminidad más a menudo pues debemos visibilizar que la mujer actual no sólo se debe ver como unos tacones, maquillaje y cotilleos, también como precariedad laboral, feminicidios, aislamiento o violaciones.

Del mismo modo, un hombre gay no es sólo un cuerpo perfecto, fiestas y cosmética. También es violencia, discriminación, aislamiento, soledad ante un sistema depredador.

Es importante que aprendamos a poner en vista de todos estas realidades. Y el lenguaje es sin duda una de las herramientas más importantes que están a nuestro alcance.