El papel que ha ocupado el padre de Samuel durante el desarrollo de esta tortuosa lucha ha dejado conmocionadas a muchas personas pertenecientes al colectivo LGBT, y muchos de ellos, han reconocido de hecho, que saben cómo actuarían sus padres: Negando su identidad públicamente e incluso restando importancia a que el asesinato haya estado motivado por la pluma o porque son homosexuales.

No han sido pocos los mensajes de jóvenes gays en redes sociales que han dado más potestad a sus amigas que a sus propios familiares en lo que a sus últimas voluntades respecta. En lo que a conocerlos de verdad respecta. Porque muchos padres (y no madres en la mayoría de los casos) no nos conocen de verdad, no quieren conocernos. Y esto, no es más que el síntoma de una realidad que aún cuesta entender a muchos.

Que un padre, una madre, un hermano o un amigo le diga a un chico gay “te acepto” no quiere decir que sea verdad. A las pruebas nos remitimos. Ocurre incluso entre aquellos hombres gays que se supone que son un símbolo de haber recibido plena tolerancia familiar. Elton John, por ejemplo, declaró recientemente que su madre, quien le había apoyado y defendido activamente desde que salió del armario, sacó a la luz su homofobia cuando descubrió que su hijo iba a casarse.

“Eso significaría decir oficialmente que eres gay”, le dijo literalmente (ni siquiera fue a su boda), y claro, una cosa es que un hijo te diga que es gay en casa. Otra muy distinta que SEA GAY en todo el amplio sentido de la palabra. Porque ser gay no sólo significa tener sexo con un hombre o sentir amor por él. Ser gay engloba una parte de nuestra identidad que incluye la expresión. Un padre que dice, “de acuerdo eres gay, pero sé discreto”, no es menos homófobo que un padre que expulsa a su hijo de casa por la misma razón o que incluso le amenaza de muerte. En el fondo de ambos casos predomina la misma idea: No te acepto. No te tolero (no importa si eso significa intolerancia radical, o tolerancia limitada).

Los que somos gays y supuestamente hemos nacido en una “familia tolerante y amorosa” sabemos exactamente a qué se refieren tantos activistas en redes sociales cuando piden que si les asesinasen por ser gays escuchen a sus amigas y no a sus familias.

“Si hoy me matan escuchad a mis amigas, no escuchéis lo que dice mi padre porque para él yo soy un hombre”, “Si me matan por ser maricón no escuchéis a mi familia”. Cientos de mensajes similares han inundado las redes después de las declaraciones del padre de Samuel. Está claro que el papel que ha ocupado ha servido para dar, una vez más, cabida a la realidad que viven hoy muchos adolescentes LGBT. La tolerancia “hasta cierto punto”, la tolerancia “siempre que no haya pluma”, “siempre que la gente no sepa”, “siempre que seamos discretos”, “siempre que no lo vayamos pregonando por ahí”.

“Un padre puede amarte y disminuirte, puede amarte y anularte, puede amarte y aceptar sólo una parte de ti. Es un hecho”, dice la usuaria @violencivga, y no ha podido resumirlo mejor. Amar a un hijo tal y como es, muchas veces se resume en “te amo porque eres mi hijo, pero intenta no mostrar demasiadas mariconadas en mi presencia”.