Durante el período entre 1919 y 1945 Benito Mussolini, líder fascista, destruyó la democracia italiana e instauró un régimen dictatorial sirviéndose de la violencia mediante las fuerzas de la autoridad para silenciar, minar y reprimir a todos sus enemigos acérrimos. Entre ellos, por supuesto, se encontraban los homosexuales.

Este oscuro período de terror culminó en 1938 cuando el alcalde una población de Sicilia llamada Catania decidió romper con la propagación de la degeneración. Para ello reunió a todos los hombres homosexuales que fue capaz y los envió a una isla que se encontraba a más de 800 kilómetros de distancia. Esta isla recibe el nombre de San Domino, aunque hoy es conocida como la isla gay de Mussolini.

En realidad, la homosexualidad no estaba penada legalmente, pero se consideraba un problema de salud mental que atentaba directamente contra el ideario fascista que encarnaba el “hombre nuevo”: Un ideal que guiaba su dictadura y que era la figura del hombre militar, estricto y viril.

Fue entonces cuando decidieron comenzar una caza de brujas tratando de identificar a los hombres homosexuales para reprimirlos. Para ello se servían de los medios más bajos que puedas imaginar. Por ejemplo, infiltraban espías en los lugares que frecuentaban los hombres gays para posteriormente someterlos a confinamiento.

Fue en 1938 cuando el alcalde de Sicilia redactó un informe que decía: “Hemos observado que muchos lugares de montaña, bailes públicos o playas permiten el acceso a estos hombres enfermos pertenecientes a todas las clases sociales”. Instaba a “contener tal aberración sexual que atenta y ofende a la moral y destruye la salud pública así como la mejora de la raza”.

Con la participación de la policía local comenzaron a arrestar a hombres gays. En total, agruparon a 45 y los deportaron de inmediato a la isla de San Comino, en el mar Atlántico, dentro del archipiélago de las islas Tremiti.

Hoy se concibe como un paraíso estival, pero entonces, era todo lo contrario. Según documentos que se conservan de la época, los hombres gays fueron esposados y confinados dentro de dormitorios sin agua ni electricidad. Algunos de ellos escribieron cartas espeluznantes pidiendo disculpas a sus familias por hacerle sentir vergüenza con sus arrestos.

Mussolini empleó otras islas para confinar a sus prisioneros políticos, pero San Domino quedó relegada a los homosexuales convirtiéndose en la isla gay de Mussolini.

Aunque bien es cierto que las condiciones eran deplorables, los hombres que fueron confinados tuvieron al menos la posibilidad de vivir más abiertamente allí, mucho más de hecho, que en sus ciudades de origen.

Y es que las condiciones en que vivían los homosexuales durante la dictadura fascista de Mussolini eran realmente difíciles. Un residente de San Domino llamado Giuseppe B confesó que los hombres que tenían rasgos femeninos o pluma, no podían ni siquiera salir de casa porque sería cuestión de tiempo que fuesen acosados por la policía. Según sus propias palabras: “En la isla, al menos, podíamos celebrar nuestros días de santo o la llegada de alguien nuevo. También hacíamos cosas para entretenernos como obras de teatro, o vestirnos de mujeres pues allí no habría nadie para atacarnos”.

El confinamiento en la isla finalizó hacia el año 1939 con el estallido de la Segunda Guerra Mundial. Según confesó Giuseppe, muchos de los confinados lloraron al saber que se separarían unos de otros. Tanto de amigos como de amantes y que al llegar a sus ciudades de origen les esperaría un arresto domiciliario en cuanto pusiesen pie en tierra.