Sumarliði y Jón, residentes en Reikiavik, habían planificado su boda para septiembre del año pasado. Sin embargo, la crisis sanitaria por COVID19 les obligó a posponerla. Fue hace solo un mes, que la formación montañosa Fagradalsfjall comenzó a tener una actividad volcánica inusual, coincidiendo con el fin del confinamiento. Entonces vieron la oportunidad perfecta para celebrar la esperada unión.

“Fue más que perfecto, un día que jamás podremos olvidar”, declaró Sumarliði al Observer. A los que no estamos acostumbrados a ver estos fenómenos naturales de cerca nos parece impactante, sin embargo, esta pareja vive en un punto geotérmico con más de 30 puntos volcánicos activos. Ya estaban acostumbrados a ver este tipo de erupciones, aunque aseguran que nunca habían visto una tan espectacular como la del Fagradalsfjall.

Y es que, esta erupción ha sido la primera en más de 800 años en la zona, un espectáculo natural que ha atraído a más de 50.000 curiosos.

Gracias a la colaboración de una empresa turística especializada en bodas llamada Pink Iceland, pudieron aprovechar esta increíble oportunidad como un escenario único para su unión.

“En realidad, fue una decisión de última hora. Tuvimos que encontrar nuestros trajes, pulir los anillos, cortarle el pelo a Sumarliði y reunirnos con Árni, quien ofició la boda, en apenas cuatro días” confesó Jón.

Para poder llevar a cabo la celebración se vieron obligados a caminar bajo la nieve y contra el viento durante más de dos horas. “El lugar de la erupción se sitúa dentro de un valle y se encontraba a unos 90 minutos de donde aparcamos. Tuvimos que hacer el recorrido cargados de todo el equipo. La caminata fue divertida, pero es cierto que tuvimos que enfrentarnos a una tormenta de nieve, algo que estresó especialmente a Sumarliði. ¡Tenía miedo de morir congelado cuando tuviese que cambiarse de ropa al aire libre!”.

Pero la suerte estuvo de su parte y el tiempo amainó, así que pudieron montar una carpa portátil para cambiarse en su interior. Después de eso el volcán hizo el resto.

“Fue justo cuando iba a empezar la ceremonia cuando una pared del cráter estalló y un río de lava anaranjado pasó por delante de nosotros mientras decíamos los votos e intercambiábamos los anillos. Fue algo sobrecogedor, aterrador y hermoso al mismo tiempo”.