Cuando se trata de un problema de salud a escala global, como está ocurriendo con la pandemia del COVID19 podemos abordar dos planteamientos. El primero de ellos, y el más humano, es pensar que todos estamos juntos luchando a una para que esto definitivamente llegue a su fin. Y es que, no deben aprovecharse las desgracias de tal magnitud bajo ningún concepto. Y menos con fines políticos.

Sin embargo, tanto tú como yo sabemos que esto no es así para muchos. Al menos no ha sido siempre así. Cuando nos sacudió la epidemia del sida no fueron pocos lo que utilizaron la horrible enfermedad para estigmatizar al colectivo LGTB. ¿Su objetivo? Hacer más daño aún del que hacía ya de por sí la propia enfermedad.

A día de hoy, de hecho, siguen apareciendo ultra católicos y fanáticos conservadores que siguen culpando a la comunidad LGTB del coronavirus. Aseveran que se trata de un castigo de Dios. Y es aquí donde entra el segundo planteamiento.

Queridos conservadores, tenemos una mala noticia. Según indican las estadísticas, el coronavirus podría ser más fácilmente un castigo de Dios para los ultraconservadores del planeta. ¡Tenemos pruebas acerca de ello!

Muchos ultraconservadores se han atrevido a culpar a los liberales de San Francisco, la capital mundial LGTB, de que haya aparecido el coronavirus pues por lo visto siempre les funciona (así ocurrió con el SIDA). Y es que los evangélicos no cesaron en repetir que Dios mostró su enfado con los homosexuales y su forma de expresarlo fue crear dicha plaga en la capital.

No nos queda más remedio que aplicar la misma lógica de los propios ultraconservadores para responderles. Si es verdad que Dios mostró su ira sobre la liberación gay al azotar a San Francisco con el SIDA, entonces hoy, en pleno 2020 Dios sin duda está enfadado con las personas religiosas.

Y es que el COVID-19 ha golpeado de forma brutal la sede de las religiones de todo el mundo. Por un lado, Roma. La sede de los católicos. Le sigue Atenas, la sede de la ortodoxia griega. También Moscú, sede de la ortodoxia rusa, así como Londres (comunidad anglicana), La Meca (hogar de oración de los musulmanes), Jerusalén (cuna de la fe judía) y Salt Lake City (nido de mormones).

Comparemos pues, para comprender la ira de Dios. San Francisco a día de hoy cuenta con menos de 1000 casos y tan sólo 12 muertes. Todas y cada una de las ciudades religiosas enumeradas anteriormente (todas ellas discriminatorias con la comunidad LGTB) han experimentado más casos de muertes que San Francisco. De hecho, San Francisco es la ciudad menos afectada de todas.

Y… continuemos siguiendo la misma lógica que dirige las conclusiones de los extremistas y fanáticos: Las plagas de Dios están dirigidas a aquellos que pronuncian discursos de odio contra sus seguidores elegidos. Si seguimos su misma (y estúpida) retórica, tan sólo nos podemos dar cuenta de algo: Los elegidos por Dios esta vez han sido la comunidad LGTB.

Y ya si deseamos ser más lógicos, quizá debamos hacer referencia a que las iglesias se han convertido en uno de los principales focos de transmisión de COVID19. Es allí donde se desafían constantemente las reglas (como por ejemplo las distancias de seguridad para continuar celebrando los oficios) y en muchos casos con resultados más que trágicos.

Como decíamos al comienzo, hay dos formas de tomar todo esto. La primera (y más sensata) es pensando que todos somos uno y luchando colaborando y EN PAZ para poder acabar con una efermedad letal. La segunda de ellas, es respondiendo con REALIDADES a todos aquellos ultra católicos y efermizamente homófobos que utilizan las enfermedades para viralizar el odio por una comunidad de personas que lo único que hacen es amar.

Si ahora tú, que me estás leyendo, encajas en este grupo, entonces te invito a reflexionar. Y es que puede que en este caso, ese Dios, en nombre del que tantas injusticias cometéis a diario, puede que se haya revuelto contra vosotros. Puede entonces que os esté gritando a los cuatro vientos la falta de empatía y amor al prójimo que tenéis.

La verdad es una sólo: Estamos todos en este mundo para ayudarnos los unos a los otros. Dentro de la comunidad LGTB hemos aprendido esta realidad desde el primer día. Conocemos lo importante que es trabajar todos juntos y colaborar para conseguir la paz. Hemos comprobado que funciona. Empezad vosotros a hacer lo mismo.