t.A.T.u. fue un grupo de música liderado por dos jóvenes adolescentes llamadas Yulia Volkova y Lena Katina. A pesar de que a principios del 2000 se convirtieron en dos grandes referentes para la comunidad LGTB reivindicando la libertad sexual y la tolerancia, el paso del tiempo las ha desenmascarado por completo.

En realidad, ambas han reconocido que todo no fue más que una estrategia publicitaria orquestada por su manager. Que hasta el más mínimo detalle de sus apariciones estaba guionizado, que nunca fueron pareja y que además una de ellas es homófoba a pesar de que no quiera reconocerlo completamente.

Pero empecemos por el principio. Una de las bases que sustentaron el éxito de este dúo fue precisamente su carácter reivindicativo. De hecho, hablaremos de la estrategia de Iván Shapovalov, su manager, que en el aquel momento tenía 33 años mientras ellas tenían 15. Este hombre les dijo literalmente «haced lo que yo os diga», así lo hicieron y lograron convertirse en uno de los grupos más populares a nivel internacional de toda una década.

Las primeras influencers lesbianas

La estrategia de este hombre se basaba en generar una gran polémica alrededor de todo el mundo. Para ello se valió de dos adolescentes, jóvenes mujeres, de Europa del este (un lugar del continente donde el tráfico sexual de menores es elevado), que iban vestidas de colegialas en actitudes sexuales sugerentes y que además se besaban entre ellas.

Las respuesta de los medios de comunicación europeos fue la censura, lo cual significó la clave del éxito entre los más jóvenes. De hecho, que un grupo de música sea censurado por los adultos fue quizá la razón más poderosa para que el público adolescente se aferrara con uñas y dientes a este grupo de música como un símbolo de reivindicación. Los medios la censuraban porque denunciaban que hablaba entre otras cosas de «apología de la homosexualidad» algo que estaba mal visto en aquel momento.

t.A.T.u. La polémica como fórmula del éxito

En cada una de sus apariciones, estas dos cantantes se dedicaron a generar polémicas. Contestaban de muy malas formas y con cierta violencia cuando les pedían autógrafos, huían de los periodistas agarrándose de la mano y cuando ellos lograban acercarse a ellas aprovechaban para besarse apasionadamente. Además, durante las sesiones en las que les tomaban fotos, ellas aprovechaban de forma totalmente voluntaria para quedarse en ropa interior y meterse mano frente al fotógrafo.

Pero este tipo de actos no acabó aquí y fueron más salvajes con el tiempo. Por ejemplo cuando fueron invitadas a cantar en la cadena de televisión NBC y les prohibieron directamente besarse o emitir cualquier declaración sobre la guerra de Irak ella decidieron sabotear sus acuerdos. En plena actuación llevaron una camiseta en la que ponía «puta guerra» y que no dudaron en censurar en la cadena y además se besaron durante medio minuto. La cadena optó por grabar a los músicos durante aquel lapso de tiempo, aunque efectivamente la gente se dio cuenta de lo que estaba ocurriendo.

Las jóvenes, o mejor dicho, su manager decidió continuar con esta técnica y una vez fueron invitadas a otra cadena de televisión (ABC) llevaron las mismas camisetas pero esta vez en ellas ponía «censored» y aprovecharon para escribir sobre el propio presentador «puta guerra».

A pesar de que las jóvenes nunca reconocieron ser pareja, todo el mundo lo dio por hecho. Y es que sus fans se negaban a pensar que todo estuviese motivado por una estrategia de marketing. Hoy la cantante Lena explica que su manager construyó su personalidad de una forma milimétrica. Él decidió que deberían actuar de una forma misteriosa ante los periodistas respondiendo con ambigüedades e incluso les prohibía salir a la calle.

El declive de t.A.T.u.

t.A.T.u se convirtió en todo un fenómeno en Japón, pero pronto las jóvenes perdieron a todos sus seguidores japoneses tras abandonar una entrevista televisada a nivel nacional en país dejando a todos sus seguidores a medias (y siguiendo las instrucciones de su manager). A sus fans les pareció una falta de respeto y durante los siguientes conciertos en el país se encontraron con un abandono abrumador por parte de sus seguidores.

Sin embargo, la verdadera caída del grupo llegó con su participación en Eurovisión en la edición de 2003. A pesar de que ni ellas ni su manager querían formar parte del festival (porque no estaban habituadas a cantar en directo), el gobierno ruso les obligó literalmente a representar a su país por ser el grupo más aceptado a nivel internacional en aquellos momentos. El resultado fue una de las interpretaciones más caóticas de todas las ediciones. A pesar de que ambas llevaban el número 1 impreso en sus camisetas no lograron más que hacerse con un tercer puesto y por supuesto ganar una gran cantidad de críticas negativas.

t.A.T.u. desenmascaradas

El fracaso definitivo del dúo estuvo ocasionado con la despedida de su manager Shapovalov (que según han comentado las cantantes se quedó con más del 90% de sus beneficios). A esto se sumó el embarazo de Yulia que finalmente demostró lo innegable: No eran lesbianas y todo había sido fruto de una estrategia puramente publicitaria. Ante la desaprobación de sus fans, emitieron un comunicado oficial: «La mayoría de nuestros seguidores con orientaciones sexuales alternativas piensan que les hemos traicionado y no es así. Siempre hemos defendido el amor sin barreras«.

A pesar de sus intentos por agradar a sus seguidores, nada volvió a ser lo mismo y jamás volvieron a cosechar ningún éxito. El grupo se disolvió finalmente hacia el año 2011.

La hipocresía de Rusia se hizo más patente hacia el año 2014 donde invitaron a la gala de los Juegos Olímpicos a las dos cantantes por ser unas de las celebridades rusas más populares del mundo. En aquella actuación apenas intercambiaron miradas la una con la otra y sirvió únicamente para verificar la innegable falsedad de un país que ya en 2014 con la ley de la propaganda homosexual en vigor a manos de Putin jamás habría permitido la existencia de un grupo como t.A.T.u.

¿Yulia Volkova es homófoba?

Lo más ridículo de todo es que Yulia Volkova, una de las cantantes de t.A.T.u., parece simpatizar con el actual presidente y ese mismo año hizo unas declaraciones que la dejaron a la altura del subsuelo. Esta mujer, que se había dedicado según sus palabras a defender «el amor sin barreras», declaró que si su hijo resultaba ser gay lo condenaría porque «un hombre debe ser un hombre de verdad». No contenta con semejante barbaridad agregó que «Dios creó al hombre para procrear. El hombre está para proveer y ser fuerte, no aceptaré a un hijo gay».

Pero la cosa no acaba ahí, esta mujer continúa diciendo que: «No es lo mismo ver a dos hombres juntos que a dos mujeres juntas porque es menos estético cuando se trata de gays. Pero quiero aclarar que tengo nada en contra del colectivo gay, pero es que deseo que mi hijo se un hombre de verdad y no un marica. Aún así, creo que ser gay es mejor que ser un asesino, un ladrón o un drogadicto». Y como no, esta mujer no pudo cerrar su discurso sin decir que tiene muchos amigos gays.

A modo de resumen, aquí tenemos una de las estrategias publicitarias más penosas para aprovecharse del colectivo LGTB, obtener un rendimiento económico y una vez que el negocio se acabó atacar directamente los derechos del colectivo y simpatizar con los ideales de un régimen que va en contra de los derechos humanos.

Si bien es cierto que esta estrategia dotó de mayor visibilidad al colectivo LGTB, no debemos pasar por alto la gran estafa que realmente fue. Hoy dentro del colectivo, t.A.T.u. no podrá más que recordarse por «el día en que una homófoba se hizo pasar por lesbiana para ganar popularidad de una forma absolutamente ridícula».